Destapamos la olla de Master Chef

¡Ay de mí! Ya prepararás en daño mío indignos artificios

Eurípides, Las Bacantes

El popular programa de cocina Master Chef, presentado por el prestigioso master del cucharón de madera Sergio Puglia y dos tremendos turros más, fue objeto de un atentado terrorista durante la grabación del episodio a ser emitido el próximo lunes.

Todo transcurría con normalidad (excepto por el malestar gástrico que afectaba al conductor desde el comienzo de la grabación y que tendría consecuencias posteriores) cuando un mercenario del tuco, un sedicioso del wok pegoteado, irrumpió en el estudio exigiendo ser admitido en el concurso bajo amenaza de liberar un gas letal… fruto de un guiso guerrillero acometido en el almuerzo horas antes, en la olla popular del sindicato del metal. Tras una breve reflexión por parte del jurado, se lo aceptó, considerando que la ejecución de la amenaza suponía un riesgo mayor que la presencia del intruso en la cocina.

Mientras los muchachos procedían a guisar sus platos como de costumbre para presentarlos al jurado, la producción seguía con atención los movimientos del invitado, y Puglia expelía una plétora de gases por todos los orificios de su cuerpo, que intentaba disimular sin éxito con un improvisado beat box nada sutil.

El desafío propuesto consistía en cocinar un pulpo subacuático (único tipo que se conoce, por otra parte) del mar del Norte (estado de conservación reservado) en una salsa de arándanos rechazados por Corea del Norte por entender que no se ajustaban a las normas elementales de higiene (reclamo completamente legítimo de acuerdo a los informes bromatológicos encargados por el compañero Jong Un) con una guarnición de polenta Puritas vencida.

En tanto los participantes desplegaban todas sus habilidades culinarias cual pulpo subacuático, si se me permite la burda comparación, para complacer el refinado paladar de los jueces, el maoista empeñaba todos sus recursos en algo que nadie conseguía comprender con qué se comía, si se me permite esta poco inspirada concesión al refranero popular.

Cumplido el plazo fijado por la organización, todos, incluido el montonero, entregaron sus trabajos; los jurados comenzaron a deliberar, mientras la indisposición de Puglia crecía cual soufflé excedido de polvo de hornear.

El estanciero de Tacuarembosta naufragó: su ignorancia de los productos del mar le jugó una mala pasada y sufrió una justa repulsa; el milico fue condenado por un crimen que sí cometió, comerse, al menos, cuatro tentáculos crudos de la criatura (no nos referimos al pulpo, ojo); la chica de los tatuajes también fue reprobada, en este caso por extraer la tinta del pulpo para dibujarse un Puglia búdico por demás irrespetuoso; y así hasta llegar al barbado, que emergió de unos arbustos con una vianda bastante sospechosa. El franchute y la turra delegaron la responsabilidad en la inflexiva crítica del maestro pizzero, que a estas alturas estaba sometido a una crisis gástrica brutal, a la que poco iba a contribuir el artefacto diseñado por el subversivo.

Puglia sumergió su cuchara en el ensopado, la alzó, llevándola lentamente, con cautela, hacia su boca, y probó, si así puede llamársele a la fugaz acción efectuada, el preparado servido por el intruso. Se descompuso de inmediato, víctima de una diarrea instantánea que, honrado es decirlo, se sumó al antecedente ya mencionado. En ese momento el participante anónimo, seguro ya del éxito de su misión, reveló su identidad: el infame “Chef” Guevara, jefe de cocina del no menos infame Marx Donalds.

Steeled in the school of old Aquinas

La humanización integral del animal coincide con la animalización integral del hombre.

Giorgio Agamben

Que los hippies tienen la culpa de todo lo que ocurre (y asumiendo la falacia argumental que implica tomar como ejemplo al representante con menos luces de la manada, allí está Cordera y su violación en nombre del reino vegetal) no es novedad para nadie, ni siquiera para ellos mismos; que la situación de Venezuela esté directamente relacionada con esta circunstancia puede parecer, a algún desprevenido, un poco traído de los pelos. No es así, y la razón no es, desde luego, que Maduro haya desconocido el reclamo de la pacha mama, haciéndose acreedor a la maldición de los pueblos originarios y la venganza de los espíritus de los arbustos, arándanos y demás.

Lo que sucede, más bien, es que la operación ideológica (ideología es, en palabras de Paul de Man, la naturalización de la problemática relación signo-referente) que dio voz a las hortalizas y otras fuerzas elementales, presupone la negación de esa dimensión simbólica que es constitutiva del ser humano y que lo distancia de la materialidad primaria de su condición para ubicarlo en el territorio de la cultura, que no es otro que la naturaleza (y no en sentido metafórico) social, política en definitiva, del hombre.

Este cambio implica a su vez la conversión de la historia y del sujeto, categorías del discurso político que permiten el análisis e interpretación de los hechos (“hecho” que es determinado por la teoría) caóticos observados, en cosas, en “Pelados” Cordera asimilados al yuyo (y suelen estar asimilados al “yuyo”, sobre todo desde que se los habilitaron y se consigue en la farmacia, en el quiosco, en la dependencia policial, en el convento de la esquina) que ya no actúan en el espacio discursivo de las razones sino en el ciclo natural de lo orgánico, de las leyes inexorables de los procesos físico-químicos que demandan la violación y la escucha indiscriminada de cumbia cheta ya que estos son una respuesta adecuada al estímulo no mediado por el logos.

Nada más alejado de la Justicia, del Bien, de la Verdad, del conjunto de postulados éticos platónicos que este apego a la copia infiel de la Idea que es la naturaleza, pura representación desorganizada previa al sentido y al concepto, apariencia o, para decirlo con Plotino, pobreza e indigencia de la vida: el mal. Según Kant, la libertad no es algo tangible, que pueda hallarse en alguna parte, sino la posibilidad misma del sujeto; sencillamente, no podemos pensarnos como un fenómeno natural entre otros sino como límite que hace posible el mundo fenoménico.

¿Cómo conduce esta adhesión de la palabra al objeto, esta renuncia a la instancia crítica del metalenguaje, esta peladocorderización del pensamiento, al apoyo del golpismo, alentado por el fan de la Bersuit, Luis Almagro, en Venezuela?

No sé si Venezuela sea una idea subsistente plotiniana, pero tampoco es algo que se vaya a resolver confinando la discusión a la democracia de los hippies cuando el problema es precisamente ese, la democracia, demasiada democracia en su sentido natural y despojado de concepto. En otro estadio del orden del Ser, mucho más próximo a la verdad y casi realizando la totalidad hegeliana, se encuentra Corea del Norte, participando plenamente de su concepto. ¿Y alguien puede imaginarse, acaso, al compañero Kim Jong-un de bermudas y chancletas en Valizas?

Disciplina partidaria

Así pues, los americanos viven como niños, que se limitan a existir, lejos de todo lo que signifique pensamientos y fines elevados.

Georg Wilhelm Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal.

Cuando la discusión sobre el mantenimiento de las tropas uruguayas en Haití se auguraba monótona y acaso interminable, un parlamentario oficialista, cuyo nombre y señas particulares ahorraremos al lector, tomó un curso tan imprevisto como el de la Tercera Internacional después de Lenin, citando la imprescindible obra de su adlátere Bronstein.

Como recordará el lector, ya que de otro modo no estaría interrogando esta nota, a menos que sufra de alguna distorsión cognitiva que le impida la correcta intelección del enunciado, entregándolo a la confusión y el azar, el tema a tratar era la permanencia del contingente militar instalado en la nefanda isla con vaya a saber uno qué propósito. Esto último, se supone, era lo que el debate se proponía dilucidar.

Recordemos que las posiciones en disputa se dividían entre aquellos canallas, serviles, impúdicos instrumentos del imperialismo y el militarismo para quienes la ocupación es necesaria por razones de seguridad y dignidad y la puta que lo parió, y aquellos otros, representantes de la virtud y los principios democráticos que respetan la autodeterminación de los pueblos, incluso tratándose de negros o indios, que consideran ilegítima en toda circunstancia la presencia del efectivo militar en tierras extranjeras.

Luego de algunos cachetazos e insultos propios del viciado clima del régimen parlamentario, donde es inevitable la ocurrencia de estas escaramuzas (pero en defensa del mismo puede argumentarse que, bajo el régimen de partido único, la formación de facciones acaba necesariamente con una de ellas en la cárcel, tal como profetizó Nicolai Bujarin a Vladimir Ilich en plena controversia sobre la paz de Brest) el exaltado a que hicimos mención tomó la palabra (y tomó el cielo por asalto, digamos sin por esto sancionar su conducta) no para escarnecer, aunque también fuera esta su intención, a sus oponentes sino para proponer una innovación tan original como ajena al marco ético que delimitaba la discusión hasta ese instante.

Sin ánimo de elucidar los motivos que se alojaban en alma tan abyecta al momento de la oratoria, que quizá incluyeran la especulación con una cuantiosa oferta por parte de Novick para integrar su partido, o la cándida, mas humana, pretensión de perpetuarse en la memoria sin reparar en los medios, el senadordiputado, merecedor a lo sumo de una nota a pie de página en una eventual memoria de las actuaciones parlamentarias menos atinadas, sugirió no sólo permanecer en Haití sino aumentar el número de efectivos y dotarlos de armas más poderosas a fin de contener el avance de la degeneración racial de forma más efectiva.

No siendo, como es evidente, de recibo su argumento, ensayó la maniobra que sí, en este caso, le asegura la posteridad deseada: se quitó el traje, extrajo de un maletín estratégicamente ubicado un uniforme de fajina y un fusil M4 y se postuló como voluntario para encabezar la segunda cruzada que, esta vez sí, dará la victoria a las fuerzas del orden sobre las oscuras huestes bárbaras. No hace falta agregar que la moción fue aprobada por unanimidad.

Maramarracho

Soy incapaz de simpatizar con la vegetación… mi alma se rebela contra esta singular religión nueva, que tendrá siempre, me parece, para cualquier ser espiritual algo chocante. Yo no creeré jamás que el alma de los dioses habite en las plantas, y aun cuando habitara, me preocuparía muy poco, y consideraría la mía de un valor mucho más alto que la de estas hortalizas santificadas.

Charles Baudelaire

Con el fin de ponernos un poco más a tono con la temporada, y posponiendo, mas no abandonando, para una ocasión más propicia la refutación del hippismo (con un argumento de San Agustín nada menos) a que obedece el epígrafe de Baudelaire, procedemos a informar del cachengue que ocasionaron las agraviantes declaraciones de la cantante Lali Espósito, quien dijo, palabras más palabras menos, que Márama y Rombai se la sudan (veáse: http://www.elpais.com.uy/informacion/lali-esposito-ninguneo-marama-rombai.html)

Luego de cuestionar las habilidades vocales del cantante (“cualquiera de ellos”, enfantizó, “ya que no logro distinguirlos”) de cumbia pop, y de ensalzar sus propias capacidades artísticas, finalizó diciendo que se la traían muy flojas las consecuencias de sus palabras.

Consultado, como no podía ser de otra manera, el cantante en cuestión (cualquiera de ellos, si es que de hecho son personas distintas -cfr Gottfried Leibniz sobre la identidad de los indiscernibles-) respondió escueta y polémicamente: “¿Y esta quién se cree que es? ¿Jeff Becerra? Que además es un careta, como la turra esta”). Hasta aquí llega lo que podría considerarse una disputa territorial entre pares y colegas sin códigos, pero hete aquí que el agente de prensa de Jeff Becerra, que asistió a la conferencia de prensa del cumbiocheto, incapaz de dar crédito a sus oídos, llamó a su representado para ponerlo en conocimiento del insulto gratuito de que había sido objeto.

El vocalista de Possessed, banda que cuenta con el aprecio y la bendición, si es que el término es justo, de Theodor Adorno (1) y de todo el Institut für Sozialforschung, dijo sentirse apenado e irrespetado tras 35 años de carrera por tan acres opiniones, pero se mostró dispuesto a dar por superado el malentendido si se le ofrecían las correspondientes disculpas, y agregó que la música del coso ese le resulta “fresca y agradable” y que, desde luego, “integra mi playlist” (chupala Lali). Fermáramarombai (véase el paréntesis anterior referente a los indiscernibles) no transigió: “¿Así que a la señorita (por Becerra, no por Espósito, claro) le resulta ‘agradable’ mi música? Yo no hago música para complacer a este mamarracho; cuando quieras y donde quieras, gil; yo en un año hago más discos que vos en 35” (lo cual es estrictamente cierto, pero no le hace).

En una nota que pretende poner término al asunto, el creador del death metal pidió disculpas a Fer y a los fans de Máramarombai y deploró que éste y Lali no puedan hacer lo propio, hecho que lacera su alma (2) (vendida al Amo de las Tinieblas allá por 1982).

(1) Adorno, Theodor. Philosophie der neuen Musik. J.C.B. Mohr, Tübingen, 1949.

(2) “Mi thymós ha abandonado mi soma“, Jeff Becerra, comunicado de prensa homérico dirigido a Máramarombai, enero de 2017.

El C.H.E., sucesor de Fidel*

Si el enunciado dejó al lector perplejo como la momia de Lenin, lo invitamos a que permanezca un momento con nosotros antes de entregarse al pánico e internarse en la sierra, maestro.

Muerto Fidel, hecho que supimos predecir basándonos en el materialismo dialéctico y sus leyes inexorables, así como en su condición de ser de carbono y no de silicio (lo que se seguiría de la teoría de los Alienígenas Ancestrales, en todo caso), la pregunta por su sucesión y por el futuro de la isla resulta pertinente.

El procedimiento científico indica una consideración de los factores históricos, políticos, económicos, tanto como de los elementos subjetivos y todas esas cosas. Es cierto y necesario; del mismo modo que en la entrada a la revolución se discutió profusamente el rumbo  y los medios a utilizar, en debates tales como el que involucró a Guevara, Charles Bettelheim y al sumo pontífice de la IV Internacional, Ernest Mandel, sobre la economía de transición, o la polémica acerca del método de la guerrilla y su extensión a países más proletarios y con menor vegetación, actualizando muchas de las controversias fundamentales del marxismo (a propósito de la selva, los distintos tipos de arbusto y la clásica disputa en filosofía del lenguaje sobre el olmo, el haya y el correcto alojamiento del significado, o externalismo semántico), es oportuno, decíamos, tal como se hace en la cárcel, la escuela o cualquier reunión social, cachear a esta pseudo revolución para saber de qué manera sale del quilombo en que se metió. Seguramente la inspección arroje que su honor ha sido mancillado (nada que no ocurra también en la cárcel o en el casamiento de Puglia, por ejemplo).

Ya llegará el momento para que apologistas y detractores se lancen a su trivial danza de diatribas y hagiografías igualmente acríticas y burdas; quizá también para la momificación del difunto y la inevitable recaída en el culto a la persona, que ya está reclamando, dicho sea de paso, la constitución de un monte Rushmore compañero; ya habrá tiempo e interesados en ello, pero nosotros afirmamos que el C.H.E. es el sucesor de Fidel y no escamoteamos nuestro juicio: el futuro de la isla depende de que se produzca ese fenómeno conocido por sus siglas de C.H.E., o Comunismo Humano Espontáneo, de manera que la aparente paradoja que le puso las cejas de punta a más de uno no era tal, y repetimos con total convicción: el legítimo heredero de Fidel no es otro que el C.H.E. La historia nos absorberá.

* Publicado en “La muerte de Fidel y otros ensayos”, Editorial la (H)Oz y el Martillo, San Petersburgo, 1993.

Carta abierta a Santa

Santa:

Comprenderás que esto que estoy haciendo, dirigirme a ti nuevamente por este medio luego de aquel episodio que ambos recordamos y, espero, deploramos, no es algo sencillo. Pero sí maduro, como el presidente democrático de la República Bolivariana de Venezuela, ¿verdad que sí? ¿O no estás de acuerdo con esta caracterización? ¿Acaso llamas a la democracia plena, participativa, por qué no directa, “régimen”? No, no pretendo introducir nuestras diferencias así de pronto y hacer que te la tragues… la diferencia, de manera tan poco cortés, pero ¡tampoco fue cortés tu conducta, inmunda criatura del demonio!

Yo era sólo un niño, cerdo criptoconductista, tema que prefiero evitar por el momento. Perdón por la digresión, soy algo propenso a ellas en ocasiones, supongo que lo sabés. Es una pregunta retórica, desde luego, rata vigilante; sabés todo lo que hago e hice en este tiempo, incluso durante los años que me mantuviste en tu lista negra. Ya ves, incluso cuando intento conciliar tropiezo casi en cada oración con una de tus típicas maniobras despreciables y me veo obligado a cuestionar tus procedimientos, a pesar de que el ánimo de esta misiva sea justamente el contrario. Pero lo ponés muy difícil, Santa, ¿cómo superar nuestro encono sobre bases tan precarias?

Quisiera ofrecerte una disculpa pero no soy yo quien debe hacerlo sino tú quien debe tener ese gesto. Y claro, tú no tienes gestos de ninguna clase, no al menos con niños como yo. Tu servicio es un chantaje moral con todas las letras, alentando la traición, la delación, la deslealtad; comprás almas como Chichikov, con la diferencia que vos las comprás vivas y las adaptás a tus fines espurios, ejerciendo una función tan deleznable que hasta el mismísimo torturador se avergonzaría de tus procedimientos, ya que estos están dirigidos a la corrupción de criaturas inocentes, que dejan de serlo gracias a tu intervención. Ese fue mi caso, como recordarás.

Me hiciste pagar año tras año ese supuesto error que para mí no era tal, peo incluso si aceptamos que lo era ¿no tengo derecho a mis ideas políticas, acaso? ¿Y en los años posteriores qué hice para merecer tu indiferencia? Ahora que me refiero al incidente sin rodeos, porque de eso se trata esta carta, aprovecho para mencionar otro motivo de desconcierto: jamás me permitiste defensa alguna, no preguntaste si lo había hecho por convicción, porque apoyara a las democracias populares de las que, por otra parte, sabía muy poco con tan solo cinco años. Pero por las dudas me la encajaste, ¿no? Más vale prevenir que curar, como diría tu fiel acólito Juliomaría; más vale cortarlos verdes antes de que se pongan rojos, por decirlo de alguna manera.

Pues bien, tus registros infalibles quizá no lo sean tanto, porque permitirme decirte que yo no era rojo, no era adepto a Moscú ni a sus satélites, no creía en la planificación central ni en la industrialización acelerada ni en los planes quinquenales (yo lo era en ese momento; ¡cinco años tenía, te recuerdo!) ni le llamaba Leningrado a la histórica San Petersburgo; no, nada de eso, cretino violador de los derechos humanos; festejé la medalla de oro rumana porque me gustaba Nadia Comaneci, nada más. Era así de fácil, ¿viste?

Por ese pecado tan pueril como es el idilio infantil y no la afirmación ética de una idea me quedé sin un puto regalo por treinta años, treinta años en los cuales, por si fuera poco, te comiste bien los mocos, ya que mientras yo purgaba esa condena se derrumbó el muro, China se volcó al mercado, se esfumaron la clase obrera y sus organizaciones y yo, mientras tanto, como un Carlitos esperaba que me concedieras una amnistía. Irónicamente, tu presunta crítica a un sistema donde era difícil acceder a los bienes consistió en negármelos a mí. Tu criterio incluso resultó ser pésimo como táctica; habría sido más útil para tus intereses decirme “Este año perdieron Polonia; acá tenés un cassette de Jazzy Mel, gil” o “¿A cuánto está la tonelada de azúcar cubana ahora que no existe la URSS, pancho? Tomá un VHS de Requetedivertidos”.

Eso habría quebrado la moral del bolche más fanático, pero decidiste ignorarme y dejarme languidecer leyendo “La revolución traicionada” de Trotsky (¡no era regalo tuyo, claro está!) mientras trataba de encontrarle algún sentido a todo aquello. Pudiste empujarme y sacarme de ahí por tus medios habituales: el soborno, la coacción, la manipulación; no sucedió.

En fin, Santa, esto no puede continuar así, no es de hombres sensatos y razonables como nosotros. Cuba y EE.UU. reanudaron sus relaciones diplomáticas, ¿acaso te creés por encima de la geopolítica de la mayor potencia industrial, puerco arrogante? ¿No ves que los tiempos cambiaron y tu postura de negociador recio es tan anacrónica como la patronal mafiosa del taxi del señor…? Nah, no quiero ganarme otro enemigo cuando estamos pactando el fin de nuestras hostilidades, Santa.

Esta Nochebuena te voy a dejar tu hierba (para tus “mulas”, sí, todo bien, estamos entre amigos) al pie del arbolito, ¿tendrías la amabilidad de traerme el disco de Violetta, por favor?

Muchas gracias.

Sinceramente,

Ozcar

 

Georg Lukács- In memoriam?

Recordamos hoy la singular peripecia de Georg Lukács, filósofo, crítico literario, ministro de, al menos, dos gobiernos soviéticos en su Hungría natal, padre cariñoso de una criatura particularmente despreciable y, como se revelerá a continuación, importante exponente de una corriente marxista que no había sido identificada como tal hasta el presente.

Lukács comenzó su carrera académica como crítico de arte y, para no extendernos en consideraciones ajenas al tema que nos ocupa, se hizo tupa y terminó como Ministro (o Comisario, quién sabe), de Instrucción Pública del gobierno de Bela Kun. Cuando la experiencia socialista se derrumba, Lukács emigra, escribe “Historia y conciencia de clase”, patatín y patatán, el libro acaba siendo condenado por la recientemente creada Tercera Internacional y con ello desaparece la influencia de nuestro personaje en el comunismo internacional, pero luego se retracta de sus posiciones, es readmitido por el comunismo y readmitido, a su vez, en la URSS. No sería esta, por supuesto y adelantándonos algo en la exposición, su última ni la más notable de sus reapariciones.

En 1944 retorna a Budapest, ciudad que unifica a las antiguas Buda y Pest como se sabe, ocupa diversos puestos en diversas universidades para ser, finalmente, convocado por Imre Nagy (no podría asegurar si personalmente; ignoro el hecho, como tantos otros de esta narración más que esquemática, excepto por el dato de su repugnante descendiente) para dirigir el Ministerio de Cultura (una vez más, desconozco si puede hablarse de ministerio en este caso, como desconozco la palabra húngara que lo designa).

Sus posiciones y debates intelectuales son secundarios, y si alguien siente curiosidad al respecto no voy a ser yo quien lo ilumine, lo importante es que, santa simetría en la vida de este hombre, volvió a caer en desgracia, volvió a ser arrestado y volvió… no, fue a parar al lugar menos predecible del territorio húngaro (razones históricas que no me son dadas traer a colación aquí convirtieron a éste -ojo que aún no lo mencioné- en territorio húngaro): el castillo de Drácula.

El conde Lukács, como se lo conocerá a partir de ahora, surgió de allí convertido en una suerte de vampiro del comunismo heterodoxo. Un vampiro que, en su caso, se alimentaba de textos prohibidos, textos que la ortodoxia rechazaba por su contenido y de los que él haría uso y abuso abundante a su salida (si es que alguna vez lo hizo), del castillo.

Tras su estadía allí, en condiciones no mejores que las de su predecesor siglos antes, el conde marxista produjo una serie de poderosos escritos que, como corresponde a su origen, han superado la prueba del tiempo. Es más, se puede conjeturar que su desempeño en este terreno va a resultar, para quienes tengan la fortuna de atestiguarlo, uno de sus rasgos más notables, ya que de acuerdo a los antecedentes, toda emanación del castillo tiende a la eternidad. Teniendo en cuenta que su clásico (y luego de la experiencia que estamos reseñando es difícil referirse a él de este modo) “Historia y conciencia de clase” acabó siendo uno de los libros más discutidos y polémicos del marxismo del siglo XX, el estatus de inmortal de la obra posterior augura una polémica extremadamente prolongada dentro del marxismo de los siglos por venir. Acaso los problemas planteados en estos manuscritos aún no hayan conocido a sus contemporáneos, considerando que se trata de generaciones muy, muy, pero mucho muy remotas. Así, cuando Lukács habla del “impostergable dictum que impone el carácter eminentemente teórico del poschsterrrschgel”, una interpretación sesgada y casi doctrinal del término puede considerarse anacrónica. Pero, de hecho, ¿qué no es anacrónico en referencia a estos textos? ¿Cómo actualizarlos, como traerlos a la discusión presente cuando su problemática remite a un tiempo que no conocemos? ¿Cuestiona esto la dimensión histórica del marxismo, fundamental para la teoría? Da la impresión que sí.

El interesante planteo, pues, que hace el filósofo austromarxista Karlo Floggenswager, de convocar un congreso en el propio castillo transilvano para tratar la obra póstuma (inevitable caer con frecuencia en el anacronismo) de Lúkacs (se presume que la ortografía del apellido sufrirá cambios similares con el transcurso del tiempo) no parece del todo impertinente. ¿Pueden las resoluciones de un Congreso, parciales y provisionales como son, atendiendo a esta su especificidad cronológica, trascenderla para alcanzar una universaltranstemporalidad absoluta, que dispute el terreno inexpugnable al que se elevó el pensamiento del Lucasss? Esa es quizá la pregunta sin respuesta que el marxismo revolucionario deberá afrontar con todas sus herramientas si no quiere convertirse, paradójicamente, en un ente cuya vida perpetua impugne su capacidad de acción.