Masacre Gore sin Precedentes


Por Daniel Lucas

La cinta que vamos a comentar a continuación es el más reciente trabajo del director de culto Daniel Lucas.

Masacre gore sin precedentes aborda de manera magistral, en ’29, las contradicciones elementales, espirituales, intelectuales y renales del hombre a comienzos del siglo XXI. Pero es mucho más que eso, claro.

El protagonista, Frank Zermelo (Daniel Lucas) es un científico notable que trabaja en el campo de los fundamentos de las matemáticas, con aplicaciones a la automatización definitiva del lavarropas y otros medios de producción esquivos a los procesos algebraicos. De pronto, su obra arroja resultados inesperados: las matemáticas y la automatización del lavarropas son imposibles, la reducción completa al cálculo de primer orden es una quimera probada definitivamente por la metamatemática.

La crisis de Zermelo es la crisis del proyecto ilustrado, encarnado en la razón instrumental kantiana. Zermelo se pega un tiro en las bolas y abandona el mundo a su suerte, no sin antes entregarse a la composición de música tropical bajo el nombre de “Fata” Delgado.

Esta paradójica derivación no es tal: en una sociedad jerárquica cuyos polos son una tecnocracia pragmática y su aspiración a la verdad universal, consensuada, y las masas sojuzgadas, mantenidas en este estado por la música dicharachera y jovial, el fracaso de una de las alternativas conlleva la aceptación acrítica de la otra. ¿O no?

No, definitivamente. Hay una tercera opción: el baño de sangre como praxis crítica, como impugnación de la racionalidad occidental. Y esta es la que abraza Frank Zermelo.

Los últimos ’28 de la película justifican ampliamente su título: un zombie, un asesino inmisericorde, una araña repugnante, un niño (encarnación del anticristo), una monja, una momia, una monja-momia, etc. se ven envueltos en esta auténtica masacre gore sin precedentes. Solo uno de ellos sobrevivirá (una pista: es peludo y tiene 8 patas; no, no es la araña) pero conservar su vida apenas constata la condición apocalíptica de la humanidad. Y se mata de una manera inusitadamente brutal.

Lucio Fulci, expuesto a este criminal film, murió de un ataque al corazón; Darío Argento pidió asilo en el campo de concentración de Riga; Ruggero Deodato suplicó ser asesinado por la candidez de su filmografía y George Romero borró todos los VHS de sus producciones, que juzgó indignas frente a semejante maestro del séptimo arte.

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