The Muffs, or how I learned to love the bomb

No se deshace el muro ni cuando están unidos unos a los otros y ajustados, ni cuando ya están separados; entonces, no es posible deshacer un muro

Sexto Empírico, Adversus mathematicos

Cuando los griegos comenzaron a razonar sobre lo Uno y lo Múltiple, el Ser y el Devenir, lo Necesario y lo Contingente, se hallaron frente a paradojas como la que ilustra el epígrafe, que, invertida, también permite demostrar la imposibilidad del muro: si este aún no es cuando sus partes están separadas, tampoco puede llegar a ser; en conclusión, no hay muro y Trump no tiene a quién pasarle la factura, o hay muro y Europa del Este aún pertenece a nuestro bando.

No pretendo desentrañar en estas breves líneas la corrección o incorrección del argumento, que hasta donde llega mi examen bibliográfico mantiene toda su vigencia y cuya resolución sólo ha sido aplazada por la utilización de la Madre de Todas las Bombas (tema que merecería un tratamiento apropiado, ya que si Trotsky se jugó sus últimos boletos a una revolución como consecuencia de la Segunda Guerra mundial, que no se produjo, nuestra generación tiene todo el derecho de hacer su propia apuesta entre socialismo o barbarie y abandonar cobardemente el primero cuando lo considere irrealizable -larga digresión que, lamento decirlo y defraudar sus esperanzas, no tiene más objeto que este alegato a favor de la indeterminación y, por qué no, la imprudencia en el manejo de la política exterior de las potencias nucleares -)

(Paréntesis al paréntesis anterior: recordemos que Bertrand Russell observó justamente que, tras un conflicto nuclear, el único socialismo posible sería uno basado en la remolacha azucarera; algo no previsto por el filósofo-matemático es que ALUR sería el partido único en esta distopía cañera, y Raúl Sendic su dictador perpetuo, dando así la razón a las denuncias de la oposición, que tampoco preveían, sin embargo, este escenario de tiranía preparado por el vicepresidente Lysenko para su beneficio personal).

Pero un argumento tan sutil y poderoso (como la bomba y su promesa de barbarie, de la que quisiera abstraerme por un instante si su presencia no fuera tan ubicua como la banalidad de quienes pretenden ignorarla) puede operar en terrenos menos abstrusos y  usarse, por qué no, para vindicar en forma retroactiva el honor de alguna persona, mancillado décadas atrás. El mío más precisamente.

Si la tesis, el ser, es una banda de pop punk californiano, careta, cuya propiedad de tal se transfiere sin mediaciones al poseedor de uno de sus discos (adquirido por el réprobo a mediados de los ’90 y repudiado desde entonces por dicho acto), la antítesis es lo que sonó el pasado 20 de abril en Bluzz Live, que no fue otra cosa que el más auténtico  panroc escuchado en estas tierras desde que Darby Crash se dejó crecer el bigote y la melena y cambió su nombre a Jaime Roos allá por 1981, para desertar de ese modo del estilo que cultivara hasta entonces (sólo para convertirse en el emperador de todos los estilos, tranquilos, insensatos).

Si en cada uno de esos pequeños, y perfectos a su modo, artefactos de la industria cultural había más actitud que en la horda de punkies parmenídeos que aún se empeña en continuar su batalla y tacharlos de caretas, ¿dónde está el error? ¿En qué punto fallaron sus categorías interpretativas? ¿Cómo es posible que esas lindas melodías vayan acompañadas de una total indiferencia hacia los sellos, los medios y el mainstream, de presentaciones caóticas que incluyen peleas y violencia frecuentes, como las de Jaime y el Canario Luna? ¿Cuándo se deshizo el muro? ¿Será casual que Oh, Nina, del imprescindible Blonder and Blonder, su album más redondo (tanto que cabe perfectamente en cualquier reproductor de CD) rime con Colombina?

Quizá sea una capitulación frente a la barbarie, lado de la balanza en el que al parecer ha caído nuestra elección, pero al menos me queda el consuelo de que Rosa Luxemburgo (y Bertrand Russell con sus remolachas posnucleares) podría corear con aprobación estos versos: “So maybe if I fade away/ There’ll be no sad tomorrow.”

Steeled in the school of old Aquinas

La humanización integral del animal coincide con la animalización integral del hombre.

Giorgio Agamben

Que los hippies tienen la culpa de todo lo que ocurre (y asumiendo la falacia argumental que implica tomar como ejemplo al representante con menos luces de la manada, allí está Cordera y su violación en nombre del reino vegetal) no es novedad para nadie, ni siquiera para ellos mismos; que la situación de Venezuela esté directamente relacionada con esta circunstancia puede parecer, a algún desprevenido, un poco traído de los pelos. No es así, y la razón no es, desde luego, que Maduro haya desconocido el reclamo de la pacha mama, haciéndose acreedor a la maldición de los pueblos originarios y la venganza de los espíritus de los arbustos, arándanos y demás.

Lo que sucede, más bien, es que la operación ideológica (ideología es, en palabras de Paul de Man, la naturalización de la problemática relación signo-referente) que dio voz a las hortalizas y otras fuerzas elementales, presupone la negación de esa dimensión simbólica que es constitutiva del ser humano y que lo distancia de la materialidad primaria de su condición para ubicarlo en el territorio de la cultura, que no es otro que la naturaleza (y no en sentido metafórico) social, política en definitiva, del hombre.

Este cambio implica a su vez la conversión de la historia y del sujeto, categorías del discurso político que permiten el análisis e interpretación de los hechos (“hecho” que es determinado por la teoría) caóticos observados, en cosas, en “Pelados” Cordera asimilados al yuyo (y suelen estar asimilados al “yuyo”, sobre todo desde que se los habilitaron y se consigue en la farmacia, en el quiosco, en la dependencia policial, en el convento de la esquina) que ya no actúan en el espacio discursivo de las razones sino en el ciclo natural de lo orgánico, de las leyes inexorables de los procesos físico-químicos que demandan la violación y la escucha indiscriminada de cumbia cheta ya que estos son una respuesta adecuada al estímulo no mediado por el logos.

Nada más alejado de la Justicia, del Bien, de la Verdad, del conjunto de postulados éticos platónicos que este apego a la copia infiel de la Idea que es la naturaleza, pura representación desorganizada previa al sentido y al concepto, apariencia o, para decirlo con Plotino, pobreza e indigencia de la vida: el mal. Según Kant, la libertad no es algo tangible, que pueda hallarse en alguna parte, sino la posibilidad misma del sujeto; sencillamente, no podemos pensarnos como un fenómeno natural entre otros sino como límite que hace posible el mundo fenoménico.

¿Cómo conduce esta adhesión de la palabra al objeto, esta renuncia a la instancia crítica del metalenguaje, esta peladocorderización del pensamiento, al apoyo del golpismo, alentado por el fan de la Bersuit, Luis Almagro, en Venezuela?

No sé si Venezuela sea una idea subsistente plotiniana, pero tampoco es algo que se vaya a resolver confinando la discusión a la democracia de los hippies cuando el problema es precisamente ese, la democracia, demasiada democracia en su sentido natural y despojado de concepto. En otro estadio del orden del Ser, mucho más próximo a la verdad y casi realizando la totalidad hegeliana, se encuentra Corea del Norte, participando plenamente de su concepto. ¿Y alguien puede imaginarse, acaso, al compañero Kim Jong-un de bermudas y chancletas en Valizas?

Disciplina partidaria

Así pues, los americanos viven como niños, que se limitan a existir, lejos de todo lo que signifique pensamientos y fines elevados.

Georg Wilhelm Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal.

Cuando la discusión sobre el mantenimiento de las tropas uruguayas en Haití se auguraba monótona y acaso interminable, un parlamentario oficialista, cuyo nombre y señas particulares ahorraremos al lector, tomó un curso tan imprevisto como el de la Tercera Internacional después de Lenin, citando la imprescindible obra de su adlátere Bronstein.

Como recordará el lector, ya que de otro modo no estaría interrogando esta nota, a menos que sufra de alguna distorsión cognitiva que le impida la correcta intelección del enunciado, entregándolo a la confusión y el azar, el tema a tratar era la permanencia del contingente militar instalado en la nefanda isla con vaya a saber uno qué propósito. Esto último, se supone, era lo que el debate se proponía dilucidar.

Recordemos que las posiciones en disputa se dividían entre aquellos canallas, serviles, impúdicos instrumentos del imperialismo y el militarismo para quienes la ocupación es necesaria por razones de seguridad y dignidad y la puta que lo parió, y aquellos otros, representantes de la virtud y los principios democráticos que respetan la autodeterminación de los pueblos, incluso tratándose de negros o indios, que consideran ilegítima en toda circunstancia la presencia del efectivo militar en tierras extranjeras.

Luego de algunos cachetazos e insultos propios del viciado clima del régimen parlamentario, donde es inevitable la ocurrencia de estas escaramuzas (pero en defensa del mismo puede argumentarse que, bajo el régimen de partido único, la formación de facciones acaba necesariamente con una de ellas en la cárcel, tal como profetizó Nicolai Bujarin a Vladimir Ilich en plena controversia sobre la paz de Brest) el exaltado a que hicimos mención tomó la palabra (y tomó el cielo por asalto, digamos sin por esto sancionar su conducta) no para escarnecer, aunque también fuera esta su intención, a sus oponentes sino para proponer una innovación tan original como ajena al marco ético que delimitaba la discusión hasta ese instante.

Sin ánimo de elucidar los motivos que se alojaban en alma tan abyecta al momento de la oratoria, que quizá incluyeran la especulación con una cuantiosa oferta por parte de Novick para integrar su partido, o la cándida, mas humana, pretensión de perpetuarse en la memoria sin reparar en los medios, el senadordiputado, merecedor a lo sumo de una nota a pie de página en una eventual memoria de las actuaciones parlamentarias menos atinadas, sugirió no sólo permanecer en Haití sino aumentar el número de efectivos y dotarlos de armas más poderosas a fin de contener el avance de la degeneración racial de forma más efectiva.

No siendo, como es evidente, de recibo su argumento, ensayó la maniobra que sí, en este caso, le asegura la posteridad deseada: se quitó el traje, extrajo de un maletín estratégicamente ubicado un uniforme de fajina y un fusil M4 y se postuló como voluntario para encabezar la segunda cruzada que, esta vez sí, dará la victoria a las fuerzas del orden sobre las oscuras huestes bárbaras. No hace falta agregar que la moción fue aprobada por unanimidad.

El C.H.E., sucesor de Fidel*

Si el enunciado dejó al lector perplejo como la momia de Lenin, lo invitamos a que permanezca un momento con nosotros antes de entregarse al pánico e internarse en la sierra, maestro.

Muerto Fidel, hecho que supimos predecir basándonos en el materialismo dialéctico y sus leyes inexorables, así como en su condición de ser de carbono y no de silicio (lo que se seguiría de la teoría de los Alienígenas Ancestrales, en todo caso), la pregunta por su sucesión y por el futuro de la isla resulta pertinente.

El procedimiento científico indica una consideración de los factores históricos, políticos, económicos, tanto como de los elementos subjetivos y todas esas cosas. Es cierto y necesario; del mismo modo que en la entrada a la revolución se discutió profusamente el rumbo  y los medios a utilizar, en debates tales como el que involucró a Guevara, Charles Bettelheim y al sumo pontífice de la IV Internacional, Ernest Mandel, sobre la economía de transición, o la polémica acerca del método de la guerrilla y su extensión a países más proletarios y con menor vegetación, actualizando muchas de las controversias fundamentales del marxismo (a propósito de la selva, los distintos tipos de arbusto y la clásica disputa en filosofía del lenguaje sobre el olmo, el haya y el correcto alojamiento del significado, o externalismo semántico), es oportuno, decíamos, tal como se hace en la cárcel, la escuela o cualquier reunión social, cachear a esta pseudo revolución para saber de qué manera sale del quilombo en que se metió. Seguramente la inspección arroje que su honor ha sido mancillado (nada que no ocurra también en la cárcel o en el casamiento de Puglia, por ejemplo).

Ya llegará el momento para que apologistas y detractores se lancen a su trivial danza de diatribas y hagiografías igualmente acríticas y burdas; quizá también para la momificación del difunto y la inevitable recaída en el culto a la persona, que ya está reclamando, dicho sea de paso, la constitución de un monte Rushmore compañero; ya habrá tiempo e interesados en ello, pero nosotros afirmamos que el C.H.E. es el sucesor de Fidel y no escamoteamos nuestro juicio: el futuro de la isla depende de que se produzca ese fenómeno conocido por sus siglas de C.H.E., o Comunismo Humano Espontáneo, de manera que la aparente paradoja que le puso las cejas de punta a más de uno no era tal, y repetimos con total convicción: el legítimo heredero de Fidel no es otro que el C.H.E. La historia nos absorberá.

* Publicado en “La muerte de Fidel y otros ensayos”, Editorial la (H)Oz y el Martillo, San Petersburgo, 1993.

Héroes del socialismo real. Hoy: Marito Wittfogel.

Aquellos que no estén al corriente de las controversias que ha suscitado el marxismo desde su nacimiento, como cuando, por ejemplo, Engels objetó el fundamento antropológico de la crítica de Marx a la filosofía del derecho de Hegel y, de paso, señaló la improcedencia del amuleto que emergía bajo la barba de su amigo, quizá harían bien en interrumpir la lectura en este punto. Es más, a pesar de la aparente paradoja, habría resultado más conveniente que lo hicieran al advertir que se trataba de un tema completamente ajeno a sus intereses y preocupaciones intelectuales. Quizá ya sea algo tarde, y mi consejo, si llegó hasta aquí ignorando su natural recelo y mi explícita exhortación, es que continúe e ignore, a su vez, todos los avisos que intentaron disuadirlo de obtener el disfrute que el texto con seguridad va a procurarle. Espero, por otra parte, que esta digresión no del todo coherente lo prevenga contra los prologuistas que hacen vanos esfuerzos por ganarse al lector en las formas más abyectas, invitándolo a gozar de ciertos placeres al tiempo que le niega la posesión de las facultades requeridas, en un cándido reto a que acometa el ejercicio de las mismas.
Sí, además, empieza a sospechar que el prefacio es una exhibición impúdica de ciertas habilidades de prologuismo, si ha alcanzado la conclusión de que se halla ante a un prolegomaníaco, alguien incapaz de iniciar la obra anunciada por mantenerse en el nivel introductorio, regocijándose con ello, paso a demostrarle su error.

Marito Wittfogel, hijo de Mario Wittfogel y nieto del célebre Karl August, nació en una impronunciable ciudad prusiana allá por 1945. De débil constitución comunista, como su abuelo, pero de firmes convicciones filiales, se adentró muy temprano en los debates que habían ocupado a sus eminentes antecesores, estudiando la bibliografía relevante con un profundo compromiso hacia la verdad. Es necesario, pues, hacer un breve resumen de estas ideas, y de una de ellas en particular, antes de exponer los aportes de Marito, el último y más brillante de los Wittfogel.

La categoría de modo de producción es fundamental para la historiografía marxista; de acuerdo con el fundador de esta corriente, un modo de producción está determinado por el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, o sea, los componentes técnico y social que deciden la forma en que las clases se apropian su parte del trabajo colectivo. Por supuesto que hablamos de apropiación en un sentido muy general, ya que las pequeñas “apropiaciones” en que incurren los individuos aislados son más bien producto de su destreza para el rastrillaje que del lugar que ocupan en la división social del trabajo.
Marx sostenía que hasta el advenimiento del capitalismo se habían sucedido tres modos de producción: el primitivo, el esclavista y el feudal. Y el otro. El otro estaba encanutado en un manuscrito que no se conoció hasta la década del treinta del siglo pasado, hecho que obligó a revisar las anteriores concepciones, no sin un debate en que las acusaciones de revisionismo, menchevismo, carencia de caramelos y tantas otras afloraron cual espora en primavera. Allí aparece nuestro personaje, o su antepasado mejor dicho, quien defendió la pertinencia de dicho concepto para la explicación científica del coso.

Este polémico modo de producción consistiría en un estado despótico que financia las obras necesarias (principalmente de riego) para llevar a cabo la producción y, de este modo, limita la acción de las clases al colocarse por encima de ellas y captar el excedente. ¿Le suena familiar, querido lector? Sí, es lo que piensa la oposición del gobierno chavista tardío del Frente Amplio, con la salvedad de que la OSE sería el agente opresor en este caso, pero eso no es lo que nos ocupa en este momento. ¡Renunciá si tenés dignidad, Bonomi, nos gobiernan los tupas y los pichis, nos gobiernan! ¡En el modo de producción asiático se podía salir a la calle tranquilo! ¡Que vuelva el despotismo hidráulico! Perdón, me excedí.

Lo que ocurrió entonces fue que los stalinistas, afiliados a un materialismo mecánico y su consecuente sucesión rígida de las etapas que conducen al socialismo, cuestionaron la operatividad de dicho concepto y desacreditaron a sus partidarios; Karl August se retractó y no paró de retractarse hasta hacerlo del materialismo histórico, del comunismo y de la competencia de Bonomi para detener la devastadora ola de inseguridad que arrasa con toda idea de justicia y derechos humanos, excepto los de los delincuentes.

Allí es donde aparece (por fin, dirán algunos impacientes) nuestro héroe del socialismo real, Marito W. Marito, completamente negado para el rigor que demanda la labor intelectual, se propuso probar la corrección de la tesis (ex)marxista de su abuelo por medios prácticos: cazó a un montón de chinos parcialmente esclavizados, terminó de esclavizarlos, hizo una zanja machaza en el fondo de la casa, cortó el caño del agua del vecino y los puso a plantar papas, papas que luego, al momento de la cosecha, les arrebató (¡mirá bien, Bonomi, mucho viru viru pero te roban las papas en la cara, papá!) y vendió en el mercado a precios de usura, sellando así el histórico debate y reivindicando la memoria de sus antepasados, además de desenmascarar al inepto Ministro del Interior.

Entrega de los premios Oz(car) 2016

Poco difundidos, en parte amañados, en ocasiones desdeñados y siempre aliterativos, los premios Oz(car), reconocimiento al desempeño estalinista ejemplar, han tenido lugar en la clandestinidad, y aquí les presentamos a los notables ganadores de la edición 2016.

Premio Piatakov a la administración industrial: Carlos Texeira logró, a partir de una remolacha azucarera como capital fijo, una bolsa de estiércol como capital circulante y él mismo como capital variable, superar la productividad de la estatal ALUR, cuyas asombrosas pérdidas no quitan ningún mérito a nuestro héroe estalinista.

Premio Lysenko al logro científico estalinista: El Dr. en bioquímica Andrés Rikov decodificó el genoma de Eduardo Lorier y halló vestigios del padre Stalin en su ADN, demostrando de este modo la ventaja de que se perpetúe como Secretario General del partido, como único y auténtico estalinista vernáculo inoculado por el constructor del socialismo real.

Premio Tomsky a las destrezas sindicales: Julio “Llamarada” Bermúdez, autoproclamado vástago ilegítimo y custodio del legado del célebre “Fogata” Bermúdez, arrancó a la patronal represora un aumento de 0.50 $U la hora en los consejos de salarios. Los empresarios fascistas, lamentablemente, lo despojaron de su conquista a través de una detracción compulsiva de 1 $U en concepto de gastos de administración del aumento otorgado, reduciendo al mítico “Llamarada” a la triste condición de ceniza inactiva.

Premio Zinoviev a la capacidad táctica electoral: Ernesto Thälmann (vaya nombre se procuró) llamó a votar a un candidato de derecha en contra de los “socialfascistas”, en una aplicación estricta de la política estalinista del Tercer Período. Desde luego, confirmando la previsión de Thälmann, una vez el verdadero fascista asumió su cargo, eliminó a los “socialfascistas”… y al propio Ernesto..

Premio San Patricio Rojo a la excelencia en la conversión: Este me lo adjudico yo, ya que durante el 2015, si bien no convertí una isla esmeralda en roja, tuve varios logros, entre ellos, convertir a un testigo de Jehová en bolchevique (invirtiendo el proceso que él pretendía efectuar), un skinhead en anarcopunk (convengamos que ninguno tiene suficientes caramelos en la lata como para obtener algo más) y a un kadete (demócrata constitucional) en votante de Mujica (el dial no tiene tanto margen de derecha a izquierda).

Y el Rodney de Oro es para… Néstor Galíndez, egresado del instituto de bibliotecología del partido y guardián de sus archivos. Néstor acopió minuciosamente todos los datos relevantes de cada militante local, sus actividades, contactos y trayectoria. Una vez acabada esta ingente tarea, entregó la carpeta, prolijamente encuadernada, al Ministerio del Interior. ¡Maestro!

Carta abierta a Santa

Santa:

Comprenderás que esto que estoy haciendo, dirigirme a ti nuevamente por este medio luego de aquel episodio que ambos recordamos y, espero, deploramos, no es algo sencillo. Pero sí maduro, como el presidente democrático de la República Bolivariana de Venezuela, ¿verdad que sí? ¿O no estás de acuerdo con esta caracterización? ¿Acaso llamas a la democracia plena, participativa, por qué no directa, “régimen”? No, no pretendo introducir nuestras diferencias así de pronto y hacer que te la tragues… la diferencia, de manera tan poco cortés, pero ¡tampoco fue cortés tu conducta, inmunda criatura del demonio!

Yo era sólo un niño, cerdo criptoconductista, tema que prefiero evitar por el momento. Perdón por la digresión, soy algo propenso a ellas en ocasiones, supongo que lo sabés. Es una pregunta retórica, desde luego, rata vigilante; sabés todo lo que hago e hice en este tiempo, incluso durante los años que me mantuviste en tu lista negra. Ya ves, incluso cuando intento conciliar tropiezo casi en cada oración con una de tus típicas maniobras despreciables y me veo obligado a cuestionar tus procedimientos, a pesar de que el ánimo de esta misiva sea justamente el contrario. Pero lo ponés muy difícil, Santa, ¿cómo superar nuestro encono sobre bases tan precarias?

Quisiera ofrecerte una disculpa pero no soy yo quien debe hacerlo sino tú quien debe tener ese gesto. Y claro, tú no tienes gestos de ninguna clase, no al menos con niños como yo. Tu servicio es un chantaje moral con todas las letras, alentando la traición, la delación, la deslealtad; comprás almas como Chichikov, con la diferencia que vos las comprás vivas y las adaptás a tus fines espurios, ejerciendo una función tan deleznable que hasta el mismísimo torturador se avergonzaría de tus procedimientos, ya que estos están dirigidos a la corrupción de criaturas inocentes, que dejan de serlo gracias a tu intervención. Ese fue mi caso, como recordarás.

Me hiciste pagar año tras año ese supuesto error que para mí no era tal, peo incluso si aceptamos que lo era ¿no tengo derecho a mis ideas políticas, acaso? ¿Y en los años posteriores qué hice para merecer tu indiferencia? Ahora que me refiero al incidente sin rodeos, porque de eso se trata esta carta, aprovecho para mencionar otro motivo de desconcierto: jamás me permitiste defensa alguna, no preguntaste si lo había hecho por convicción, porque apoyara a las democracias populares de las que, por otra parte, sabía muy poco con tan solo cinco años. Pero por las dudas me la encajaste, ¿no? Más vale prevenir que curar, como diría tu fiel acólito Juliomaría; más vale cortarlos verdes antes de que se pongan rojos, por decirlo de alguna manera.

Pues bien, tus registros infalibles quizá no lo sean tanto, porque permitirme decirte que yo no era rojo, no era adepto a Moscú ni a sus satélites, no creía en la planificación central ni en la industrialización acelerada ni en los planes quinquenales (yo lo era en ese momento; ¡cinco años tenía, te recuerdo!) ni le llamaba Leningrado a la histórica San Petersburgo; no, nada de eso, cretino violador de los derechos humanos; festejé la medalla de oro rumana porque me gustaba Nadia Comaneci, nada más. Era así de fácil, ¿viste?

Por ese pecado tan pueril como es el idilio infantil y no la afirmación ética de una idea me quedé sin un puto regalo por treinta años, treinta años en los cuales, por si fuera poco, te comiste bien los mocos, ya que mientras yo purgaba esa condena se derrumbó el muro, China se volcó al mercado, se esfumaron la clase obrera y sus organizaciones y yo, mientras tanto, como un Carlitos esperaba que me concedieras una amnistía. Irónicamente, tu presunta crítica a un sistema donde era difícil acceder a los bienes consistió en negármelos a mí. Tu criterio incluso resultó ser pésimo como táctica; habría sido más útil para tus intereses decirme “Este año perdieron Polonia; acá tenés un cassette de Jazzy Mel, gil” o “¿A cuánto está la tonelada de azúcar cubana ahora que no existe la URSS, pancho? Tomá un VHS de Requetedivertidos”.

Eso habría quebrado la moral del bolche más fanático, pero decidiste ignorarme y dejarme languidecer leyendo “La revolución traicionada” de Trotsky (¡no era regalo tuyo, claro está!) mientras trataba de encontrarle algún sentido a todo aquello. Pudiste empujarme y sacarme de ahí por tus medios habituales: el soborno, la coacción, la manipulación; no sucedió.

En fin, Santa, esto no puede continuar así, no es de hombres sensatos y razonables como nosotros. Cuba y EE.UU. reanudaron sus relaciones diplomáticas, ¿acaso te creés por encima de la geopolítica de la mayor potencia industrial, puerco arrogante? ¿No ves que los tiempos cambiaron y tu postura de negociador recio es tan anacrónica como la patronal mafiosa del taxi del señor…? Nah, no quiero ganarme otro enemigo cuando estamos pactando el fin de nuestras hostilidades, Santa.

Esta Nochebuena te voy a dejar tu hierba (para tus “mulas”, sí, todo bien, estamos entre amigos) al pie del arbolito, ¿tendrías la amabilidad de traerme el disco de Violetta, por favor?

Muchas gracias.

Sinceramente,

Ozcar