Steeled in the school of old Aquinas

La humanización integral del animal coincide con la animalización integral del hombre.

Giorgio Agamben

Que los hippies tienen la culpa de todo lo que ocurre (y asumiendo la falacia argumental que implica tomar como ejemplo al representante con menos luces de la manada, allí está Cordera y su violación en nombre del reino vegetal) no es novedad para nadie, ni siquiera para ellos mismos; que la situación de Venezuela esté directamente relacionada con esta circunstancia puede parecer, a algún desprevenido, un poco traído de los pelos. No es así, y la razón no es, desde luego, que Maduro haya desconocido el reclamo de la pacha mama, haciéndose acreedor a la maldición de los pueblos originarios y la venganza de los espíritus de los arbustos, arándanos y demás.

Lo que sucede, más bien, es que la operación ideológica (ideología es, en palabras de Paul de Man, la naturalización de la problemática relación signo-referente) que dio voz a las hortalizas y otras fuerzas elementales, presupone la negación de esa dimensión simbólica que es constitutiva del ser humano y que lo distancia de la materialidad primaria de su condición para ubicarlo en el territorio de la cultura, que no es otro que la naturaleza (y no en sentido metafórico) social, política en definitiva, del hombre.

Este cambio implica a su vez la conversión de la historia y del sujeto, categorías del discurso político que permiten el análisis e interpretación de los hechos (“hecho” que es determinado por la teoría) caóticos observados, en cosas, en “Pelados” Cordera asimilados al yuyo (y suelen estar asimilados al “yuyo”, sobre todo desde que se los habilitaron y se consigue en la farmacia, en el quiosco, en la dependencia policial, en el convento de la esquina) que ya no actúan en el espacio discursivo de las razones sino en el ciclo natural de lo orgánico, de las leyes inexorables de los procesos físico-químicos que demandan la violación y la escucha indiscriminada de cumbia cheta ya que estos son una respuesta adecuada al estímulo no mediado por el logos.

Nada más alejado de la Justicia, del Bien, de la Verdad, del conjunto de postulados éticos platónicos que este apego a la copia infiel de la Idea que es la naturaleza, pura representación desorganizada previa al sentido y al concepto, apariencia o, para decirlo con Plotino, pobreza e indigencia de la vida: el mal. Según Kant, la libertad no es algo tangible, que pueda hallarse en alguna parte, sino la posibilidad misma del sujeto; sencillamente, no podemos pensarnos como un fenómeno natural entre otros sino como límite que hace posible el mundo fenoménico.

¿Cómo conduce esta adhesión de la palabra al objeto, esta renuncia a la instancia crítica del metalenguaje, esta peladocorderización del pensamiento, al apoyo del golpismo, alentado por el fan de la Bersuit, Luis Almagro, en Venezuela?

No sé si Venezuela sea una idea subsistente plotiniana, pero tampoco es algo que se vaya a resolver confinando la discusión a la democracia de los hippies cuando el problema es precisamente ese, la democracia, demasiada democracia en su sentido natural y despojado de concepto. En otro estadio del orden del Ser, mucho más próximo a la verdad y casi realizando la totalidad hegeliana, se encuentra Corea del Norte, participando plenamente de su concepto. ¿Y alguien puede imaginarse, acaso, al compañero Kim Jong-un de bermudas y chancletas en Valizas?

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Droga legal: otra patada en los huevos del ser nacional

Hay muchas cosas mejores que fumarse un faso, como dijo el compañero Darío Pérez: trabajar por 7000 pesos, estudiar para terminar trabajando por 7000 pesos, comprar un plasma de 7000 pulgadas a crédito (una ganga para tu sueldo: lo vas pagando a peso la pulgada) comerse un bollón de mermelada de brea y otras tantas. Por eso es que básicamente drogarse está mal: porque uno queda incapacitado para desempeñar las tareas normales de cualquier ciudadano honrado.

Drogarse es una bosta y la vida ofrece muchas alternativas para no hacerlo: casarse, formar una familia, tomar una cantidad de alcohol desmedida para soportarla, conseguirse una amante, huir con ella, pagar el 87% de sus ingresos líquidos a la familia abandonada, comprar Eukanuba para el perro y votar al FA. Ver un espectáculo de clown transexuales tailandeses auspiciado por la Intendencia con “La Consagración de la primavera” como música de fondo, ir a cagarse a trompadas y cuetazos al estadio el fin de semana (salvo que haya plebiscito el domingo para bajar la edad de imputabilidad o derogar la ley que regulariza el consumo de alguna droga -alguna fiesta cívica, digamos-), llamar al 911 porque alguien sospechoso merodea tu residencia en Carrasco o directamente pegarle un tiro en defensa propia. Pero para usar un arma y defender la propiedad se necesitan reflejos despiertos, estar alerta, justamente lo que la marihuana impide; su casa es saqueada y quemada luego de que se llevan el plasma de 7000 pulgadas. No es negocio.

Quien ama a su patria no consume drogas, eso lo hacen los perdedores. No se puede defender la libertad, las papeleras, la soja de Monsanto con los sentidos alterados por el efecto narcótico del cigarro siniestro. No se puede sostener el proyecto progresista de tasas altas de interés para los bonos en pesos y atraso cambiario para pagar la deuda externa con la capacidad cognitiva comprometida. No se puede argumentar a favor del ingreso al ALCA en esas condiciones, mucho menos entrar al ALCA como un país que no respeta ni comparte la política consensuada de combate a las drogas. No al narcotráfico sino a LA DROGA en sí misma y a sus agentes, esos vagos faloperos en los que ud. aspira convertirse. Sí, no se haga el bobo, si no la había probado hasta el momento fue solamente porque temía las consecuencias legales que se derivan de la acción, no porque no lo deseara. Y si LA DROGA (qué drama, qué flagelo, qué sufrimiento mayúsculo, como esas letras, para la familia) es de libre acceso, como la mermelada de brea, ud. no lo dudaría, bajaría las defensas morales, olvidaría todo deber patriótico y civil y se entregaría a ella cual prostituta al cliente adinerado. Y no es una analogía gratuita (¡como LA MARIHUANA desde hoy!): la sustancia, que no en vano estaba prohibida, lo convierte en su esclavo, subvierte sus valores y lo somete a una explotación despiadada de la que ni su sexualidad está a salvo.

La bosta es droga, la droga es bosta, la droga es bosta, la bosta es bosta… repítalo hasta que se convierta en una consigna automática, que no le permita ceder su libertad a los mercaderes de la degradación psycho activa. Qué tema la libertad, ya que tú esgrimes tu derecho a drogarte como un derecho individual más, a la par de toda la normativa constitucional vigente. Seguro, Hegel, Kant, Montesquieu estaban pensando en darse la papa, ¿no? El sujeto de la Ilustración es el sujeto autoconsciente que regula su vida de acuerdo a los principios eternos de la razón, no un drogón fumeta que entrega su cuerpo y su hombría a cambio de unas pitadas de quién sabe qué planta homosexualista y comunista. Libertad no es desear un tarro de brea y creerse en el derecho de obtenerlo y comérselo todo con tostadas y café con leche; libertad es ser capaz de juzgar las conductas propias y sus desviaciones con el mejor conocimiento disponible y obrar en consecuencia. Libertad es ser consciente de los intereses del individuo y de la sociedad y hacer cuanto sea necesario para llevarlos a cabo por las vías más apropiadas, no tomar atajos a cambio de ventajas egoístas que lesionan la cohesión del todo. La sociedad es una torta de coco y el falopero es el agente que cree que puede convertirla en un pastel de caca sin que se note la diferencia. Mentira: la caca y el coco, a pesar de lo que tú, drogo agente inmaduro crees, son muy distintos.

Libre no es quien dice “yo tengo derecho…” sino quien asume, tras una reflexión no mediada por cosas humeantes perturbadoras del juicio, “yo puedo hacerlo, quiero hacerlo, mataría al mismísimo Ghandi (y a Gandini) por hacerlo, pero no lo hago, no porque no sea mi derecho, sino porque decido libremente no hacerlo”. Es más que probable que Artigas quisiera echarse abajo de una palmera con dos negras/os al lado todo el día y echarse a su vez unos buenos canutos, pero si hubiera tomado ese rumbo, si hubiera decidido relegar los altos sentimientos que lo inspiraban a  cambio de la satisfacción de un capricho efímero, hoy no tendríamos patria, ni plasmas de 7000 pulgadas ni soja transgénica creciendo lozana en los campos de la nación.

Y vos, gil, tendrías que ir a pedirle que te habilite la falopa a Pedro II, Fernando VII o, con mucha suerte, a la Junta de Mayo.

¡Matemático del siglo pasado demuestra la inexistencia de Mujica!

Desde que Hegel se indispusiera con la matemática en nombre de una lógica de los contrarios, y Marx la adaptara para sus fines, las relaciones entre lógica formal e izquierda han sido tensas. Tensas como calzón de gordo, digamos, o sea, sumamente escabrosas, casi antagónicas. Mientras que los dialécticos veían la coherencia formal como un momento de un proceso contradictorio, los formalistas señalaban que ningún sistema que negara el principio de no contradicción podía aspirar a la verdad. En tanto los primeros deseaban interpretar la historia como un desarrollo regido por leyes, los segundos intentaban alejar de sus preocupaciones toda injerencia temporal.  Desde entonces, los desencuentros han sido permanentes.
En algunos casos, estos se basaban en argumentos puramente científicos, pero en otros, como sucedió con Gottlob Frege y su nacionalsocialismo, o Frank Ramsey y su denuncia del “bolchevismo” de Brouwer y Weyl, parecen más bien reacciones personales que consideraciones rigurosas.
Lo cierto es que, ya sea por el debate acerca de la historia y su carácter científico, ya sea por cuestiones puramente políticas, o sea por la razón que sea, esto ha marcado una postura hacia, y desde, las matemáticas con respecto a temas más amplios. El bolchevismo puede alojarse en el teorema mejor probado; el nazismo puede acechar detrás de la fórmula más ingenua. Es necesario cerrar el paso a la revolución o a la reacción desde cualquier lugar que provenga, y a veces, como hemos visto, proviene de la menos sospechosa y más aséptica de las ciencias.
Fue así como, trabajando sobre los axiomas de Peano, Russell y Whitehead, el profesor de Harvard Henry M. Sheffer descubrió una manera de adelantarse al progresismo latinoamericano de principios del siglo XXI, y más concretamente, a uno de sus más acabados exponentes, nuestro PP. Mujica, y negarlo. Así como lo leyó, y si no me cree, y no veo por qué no habría de hacerlo, le ruego consulte cualquier manual elemental de lógica matemática, o “Pepe Coloquios”, y lo compruebe por ud. mismo. ¿Que no tiene un manual de lógica matemática? Pues yo sí (aunque no “Pepe Coloquios”), aguarde un momento. A ver:
“A partir de p/p (p es incompatible consigo misma) podemos derivar p/p = -p. Esto se concluye porque, si p es incompatible consigo misma, p es falsa, y por tanto p/p= no p”.
Allí lo tiene: el PP no sólo es incompatible, sino que además es falso; el PP no existe. Sobra decir que, en esta guerra sin cuartel, los lógicos del MPP (que se lee “Mujica-PP, lo que demuestra el carácter personalista y autocrático de este movimiento, pero ese es otro asunto) trabajan con ahínco para refutar la demostración ofrecida por el académico canalla en cuestión. Ampliaremos.