Héroes del socialismo real. Hoy: Marito Wittfogel.

Aquellos que no estén al corriente de las controversias que ha suscitado el marxismo desde su nacimiento, como cuando, por ejemplo, Engels objetó el fundamento antropológico de la crítica de Marx a la filosofía del derecho de Hegel y, de paso, señaló la improcedencia del amuleto que emergía bajo la barba de su amigo, quizá harían bien en interrumpir la lectura en este punto. Es más, a pesar de la aparente paradoja, habría resultado más conveniente que lo hicieran al advertir que se trataba de un tema completamente ajeno a sus intereses y preocupaciones intelectuales. Quizá ya sea algo tarde, y mi consejo, si llegó hasta aquí ignorando su natural recelo y mi explícita exhortación, es que continúe e ignore, a su vez, todos los avisos que intentaron disuadirlo de obtener el disfrute que el texto con seguridad va a procurarle. Espero, por otra parte, que esta digresión no del todo coherente lo prevenga contra los prologuistas que hacen vanos esfuerzos por ganarse al lector en las formas más abyectas, invitándolo a gozar de ciertos placeres al tiempo que le niega la posesión de las facultades requeridas, en un cándido reto a que acometa el ejercicio de las mismas.
Sí, además, empieza a sospechar que el prefacio es una exhibición impúdica de ciertas habilidades de prologuismo, si ha alcanzado la conclusión de que se halla ante a un prolegomaníaco, alguien incapaz de iniciar la obra anunciada por mantenerse en el nivel introductorio, regocijándose con ello, paso a demostrarle su error.

Marito Wittfogel, hijo de Mario Wittfogel y nieto del célebre Karl August, nació en una impronunciable ciudad prusiana allá por 1945. De débil constitución comunista, como su abuelo, pero de firmes convicciones filiales, se adentró muy temprano en los debates que habían ocupado a sus eminentes antecesores, estudiando la bibliografía relevante con un profundo compromiso hacia la verdad. Es necesario, pues, hacer un breve resumen de estas ideas, y de una de ellas en particular, antes de exponer los aportes de Marito, el último y más brillante de los Wittfogel.

La categoría de modo de producción es fundamental para la historiografía marxista; de acuerdo con el fundador de esta corriente, un modo de producción está determinado por el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, o sea, los componentes técnico y social que deciden la forma en que las clases se apropian su parte del trabajo colectivo. Por supuesto que hablamos de apropiación en un sentido muy general, ya que las pequeñas “apropiaciones” en que incurren los individuos aislados son más bien producto de su destreza para el rastrillaje que del lugar que ocupan en la división social del trabajo.
Marx sostenía que hasta el advenimiento del capitalismo se habían sucedido tres modos de producción: el primitivo, el esclavista y el feudal. Y el otro. El otro estaba encanutado en un manuscrito que no se conoció hasta la década del treinta del siglo pasado, hecho que obligó a revisar las anteriores concepciones, no sin un debate en que las acusaciones de revisionismo, menchevismo, carencia de caramelos y tantas otras afloraron cual espora en primavera. Allí aparece nuestro personaje, o su antepasado mejor dicho, quien defendió la pertinencia de dicho concepto para la explicación científica del coso.

Este polémico modo de producción consistiría en un estado despótico que financia las obras necesarias (principalmente de riego) para llevar a cabo la producción y, de este modo, limita la acción de las clases al colocarse por encima de ellas y captar el excedente. ¿Le suena familiar, querido lector? Sí, es lo que piensa la oposición del gobierno chavista tardío del Frente Amplio, con la salvedad de que la OSE sería el agente opresor en este caso, pero eso no es lo que nos ocupa en este momento. ¡Renunciá si tenés dignidad, Bonomi, nos gobiernan los tupas y los pichis, nos gobiernan! ¡En el modo de producción asiático se podía salir a la calle tranquilo! ¡Que vuelva el despotismo hidráulico! Perdón, me excedí.

Lo que ocurrió entonces fue que los stalinistas, afiliados a un materialismo mecánico y su consecuente sucesión rígida de las etapas que conducen al socialismo, cuestionaron la operatividad de dicho concepto y desacreditaron a sus partidarios; Karl August se retractó y no paró de retractarse hasta hacerlo del materialismo histórico, del comunismo y de la competencia de Bonomi para detener la devastadora ola de inseguridad que arrasa con toda idea de justicia y derechos humanos, excepto los de los delincuentes.

Allí es donde aparece (por fin, dirán algunos impacientes) nuestro héroe del socialismo real, Marito W. Marito, completamente negado para el rigor que demanda la labor intelectual, se propuso probar la corrección de la tesis (ex)marxista de su abuelo por medios prácticos: cazó a un montón de chinos parcialmente esclavizados, terminó de esclavizarlos, hizo una zanja machaza en el fondo de la casa, cortó el caño del agua del vecino y los puso a plantar papas, papas que luego, al momento de la cosecha, les arrebató (¡mirá bien, Bonomi, mucho viru viru pero te roban las papas en la cara, papá!) y vendió en el mercado a precios de usura, sellando así el histórico debate y reivindicando la memoria de sus antepasados, además de desenmascarar al inepto Ministro del Interior.

Prohibido girar a la izquierda

izquierda

Terminado el Congreso de la Fuerza Política que Gobierna El País (no así al matutino del mismo nombre, bastante ingobernable por cierto) un cronista, curioso, de El Pozo Escéptico, se acercó a uno de los delegados a fin de confirmar el tan polémico “giro a la izquierda” que se habría producido en dicho evento. A continuación la entrevista, en la que se omiten los nombres, apellidos, sectores, lealtades, credos, religiones e inclinaciones sexuales de los involucrados, a modo de preservar la confidencialidad de la relación fuente-medio.

EPE: – Dígame, cont… Dan… Ol..: ¿Qué hay de cierto en la versión que habla de un gir… a la iz… en la elaboración del programa de gobierno?

CDO: – No sé a qué se refiere exactamente con “gir… a la iz…”, pero si por ello se entiende una profundización de los cambios que venimos llevando a cabo, con mayor gasto social y énfasis en la economía colectivista, estatista y neo-chav…, sí, es cierto.

EPE: – ¿Cuál sería la principal oposición a este nuevo rumbo?

CDO: – Hay dos, aunque una de ellas la damos por descontada: la oposición en sí misma, o sea, los sectores sociales y sus representantes políticos que no comparten el proyecto de gasto social, economía col…, est… y neo-ch… Pero dentro de la fuer.. pol… también enfrentamos resistencias, y es allí, en mi opinión, donde hemos logrado nuestra verdadera victoria.

EPE:- Para aquellos lectores telenochizados, fernandovilarizados, que tal vez no comprendan la dinámica a la que nos referimos, elípticamente, pero nos referimos al fin: ¿Cuáles serían esas resistencias internas, a qué sectores obedecen?

CDO: – Supongo que no es necesario aclararlo, pero si de todas maneras desea saberlo, me refiero por supuesto al cont… Dan.. As… en particular y a su sector, el Fre… Líb… Ser…

EPE: – Ah, mirá.

CDO: – Sí.

EPE: – ¿En serio? ¿Y él no era, acaso…?

CDO: – Sí, era él. Pero hace mucho tiempo de eso.

EFE: – ¿Pero él no responde al pres…, que supo ser tup…?

CDO: – Y sí, pero hace una banda de eso.

EPS:- ¿Y cómo pretenden imponer la nueva mayoría? ¿El Fr.. Lí… Ser… lo acepta así como así?

CDA: – Desde luego que no; incluso se retiraron del congreso. Sin embargo, nuestro partido se reconoce como profundamente democrát… y propugna la unidad en la diversidad, de manera que no veo un inconveniente en esto.

ERP: – Pero consideremos un escenario en el cual el Fr… L…S… mantiene su posición, ¿qué harían?

COD:- Suprimir al con… Dan.. As…, sin duda… por medios políticos, claro.

LAL: – Anularlo.

COD:- Por medios democráticos.

EPE: – ¿Existen otros?

LPS:- Yo no conozco.

JAO: – Yo tampoco. Como quien dice, desaparecerlo.

CDA: – De la escena política, sí.

EPF: – Entiendo. ¿Pero cuál sería el mecanismo, específicamente?

DCO: – La emboscada. Que parezca un accidente… de la relación de fuerzas interna.

CFK: – Le harían una encerrona, como quien dice.

HYP: – Electoral.

OUY: – Eso mismo. Electoral. O no…

CDO: – ¿Qué sugiere? Porque eso no es un procedimiento democrático…

PCU: – No sé qué insinúa, cont… Dan… Oles… Nosotros siempre hablamos de democracia, mayorías, votaciones…

CRT: – Yo también, queda claro, ¿verdad?

ORT: – Más que claro. Una emboscada. Una encerrona. La supresión del Co.. Dan.. Ast…

CTA: – Apelando a la herramienta democrática.

OJS: – Meterlo en el cuerto oscuro…

YUJ: – Conducirlo a la urna…

FBI: – Entendí, no se preocupe. Que se cuide entonces el Con.., sería el mensaje.

CDO: – Y sí, que se cuide de las bases y su participación activa en el proceso de la toma…. de decisiones.

PTE: – Que no juegue con fuego, que esto es en serio, en definitiva.

CDO: – Eso mismo.

GTE: – Pasando a otro terreno, ¿es correcto hablar de un ajuste de cuentas?

CDW: – ¿Las cuentas públicas?

EPE:- ¿Acaso hay otras?

CDO: – No sé, ud. parece saber bastante del asunto.

MPP: – Yo no sé nada, sólo pregunto.

HUE:- Y yo le respondo.

EPE:- Hay que tener cuidado, son temas delicados, ese sería su mensaje. Hay que mirar bien a los costados. Estar al alpiste.

CDO: – Eso mismo. No descuidarse. Ser prudentes. Conocer al oponente. Todo eso.

ep:- Ahi va. Bueno, gracias.

CDO: – Y mucho ojito, eh.

EPE:- ¿Ojito con qué? ¿Me estás amenazando?

CDO: – ¿Yo? ¡Por favor! Mire que son suspicaces uds. los periodistas… jaja.. Ojito con lo que está pasando en el congreso, no se vaya a perder nada. Informe como corresponde.

EJE: – Ah, ahora sí. Gracias por su tiempo.

CDO: – Un gusto, me alegro que nos hayamos entendido.

Manual de autoayuda

Ud. sufre. Se siente angustiado. Está de permanente mal humor, pero no sabe por qué. Nosotros sí lo sabemos, y sabemos cómo superarlo, e incluso si le interesa podemos decírselo, pero para eso debe estar dispuesto a someterse a un cruel examen de sus miserias más íntimas y exponerlas ante todo el mundo, pero sobre todo ante ud. mismo. Veamos.
Ud. se levanta, va al baño, escucha el canto de los pájaros en la ventana y a partir de allí todo se desmorona y se convierte en un calvario insoportable; abre el diario, enciende el televisor o escucha la radio y se siente agredido por la manipulación obscena, el sensacionalismo burdo, el amarillismo descarado; apaga todo y sale a la calle, donde se encuentra con su vecino Cacho, que le espeta: “¡¿Viste lo de Big Pancho!? ¡14 cuetazos le pegaron! No, al tipo, no al pancho… bah, creo, algo así sentí. Ya no se puede más, hay que matarlos a todos hay, tienen que volver los milicos, ¿no? ¿Eh? ¿Qué me decís?” “Yo qué sé, para mí no es tan así, los estudios dicen que los delitos no han aumentado mientras que la cobertura de la prensa…” Su amigo lo interrumpe: “¿Estudios? ¿Lo qué? ¿Vos les creés a esos atorrantes que nunca salieron de la oficinita y te dicen que está todo bien? Andá! Leíste dos libros y ya te hacés el coso… ¿por qué no vas con tu librito al Cerro Norte a las 2 de la mañana?” Y así todo el día; en el ómnibus, en el trabajo, en el kiosco, todo el día en la máquina lo tienen, y ¿sabe qué? Su amigo tiene razón. Bah, ya no es su amigo, y es su culpa, ahora está más solo y alienado que antes, y sigue igual de caliente. El diagnóstico de su amigo es básicamente correcto: leyó un par de libros (El Principito no tiene nada que ver, pero Das Kapital es sospechoso) y se hace el coso. Las construcciones teóricas se refutan con otras construcciones teóricas; a menos que lea todos los libros del mundo, no habrá aprendido nada. Sin embargo, la vida misma no admite los matices del nivel discursivo; si va al Cerro Norte a las 2 de la mañana y la meten tres cuetazos, se acabó la discusión.
¿Acaso puede estar equivocado el mundo y ud., justo ud., ser el único exento del error? Eso suena raro. La evolución no funciona así; si todo el maldito planeta estuviera equivocado, ya se habría ido todo al carajo, en cambio, el único infeliz acá es ud., que apostó al número perdedor. Quiso militar en el partido pero estaba lleno de mencheviques; quiso organizar un sindicato pero estaba lleno de carneros; su autoestima es más baja que el PBI de Myanmar en un año especialmente malo para la cosecha de cacahuete.
Repasemos algunos conceptos elementales de la autoayuda:
a) Ud. es un individuo especial, único, entonces ¿por qué quiere identificarse con los pichis? ¿Es negro? “No”. Porque si es negro no podemos ayudarlo. “Ya le dije que no”. No se retobe, estaba enfatizando la idea. Tampoco es pobre, ¿verdad? “No lo soy; soy un pequeñoburgués que experimenta las inseguridades correspondientes a su clase”. Bien, así está mejor. Debería aspirar a ser mejor, no peor: si mira hacia abajo, es obvio que se va a ir por el caño, es una ley natural. Fíjese un poco más en las clases superiores. Son blancos como ud., tiene más en común con ellos que con el pichaje;
b) Le falta el dinero que ellos tienen, dice ud. Tome la iniciativa, sea emprendedor; ellos se lo ganaron con el sudor de su frente, haga lo mismo. “Jaja.. ¿me estás jodiendo? ¡Lo ganaron explotando trabajado asalariado, extrayendo plusvalía, oligarcas putos!” Ufa, ya hablamos de eso. Encima cree en teorías económicas perimidas; el trabajo es sólo uno de los factores de producción, el capital es otro y recibe su justa recompensa. Además, yo soy un gurú espiritual, no un economista neoclásico. Se la encajé para que no me meta el gaucho. Ud. no sólo es negativo, es anacronista. “Será ‘anacrónico’, en todo caso”. Ahí tiene, ud. mismo lo dijo: es anacrónico. Sea positivo. “Pero gano 6.000 pesos, maestro”. No me diga “maestro” con ese tonito irónico, para empezar. ¿Ve que tiene menos iniciativa que diputado del Partido Independiente? Con esos 6 palos tercerice su trabajo: páguele 3.000 a alguien más desdichado que ud. “¿Y? Me quedan 3.000 pesos para vivir, máquina”. Ay, dios, esto es más difícil de lo que creí. Ya veo por qué le va como le va. Mire, ahora tiene 3 palos y ya no trabaja. Busque otro trabajo de $ 6.000 y tercerícelo también. Repita la operación hasta alcanzar el nivel de ingresos que considere adecuado. Viva de rentas. “Soy un explotador; no quería convertirme en eso”. Error: es un rico. Ahora está del lado de los ganadores;
c) “Pero si ahora estoy en el lugar correcto para apreciar mi antigua inconsistencia moral y cognitiva (nota: su idiotez, digámoslo claro) y dispongo de los medios de que antes carecía, ¿no debo protegerlos del mismo modo que mi amigo Cacho?” Primero: el Cacho ya no es su amigo; nunca lo fue. Es un pichi resentido. Segundo: ¿qué parte de “es un individuo valioso y especial” no entendió?  Ud. es especial, ellos no, por eso lo envidian. Ud. tiene riqueza espiritual (además de material) que antes no poseía, porque se creía equivocadamente parte de la masa cochina, en palabras del estadista Edmund Burke. Se creía parte de un colectivo despreciable, pero ahora se ha refinado, ha aprendido a reconocer su verdadero mérito y ha descartado el conflicto como actitud vital, por lo que ya no siente aquella inquietud que le impedía crecer. El malestar se ha disipado. Bien, debe cuidar este patrimonio que tanto esfuerzo le ha demandado: cómprese un arma. Ya. “Pero mi vecino también tiene una, ¿de qué manera eso me individualiza?”. Él tiene una .9 mm., cómprese una Luger, un M4 o similar;
d) “Ahora tengo demasiado tiempo libre y como que me chupan un huevo las cuestiones que interesan a la gente de mi condición recién adquirida”. Haga este ejercicio: luego de oír el chasquido de mis dedos, olvide la posición económica a que había accedido e imagine que nunca sucedió. Ahora tiene que volver a trabajar a cambio de un sueldo de 6.000 pesos, pero conserva los valores que este breve pero suculento curso de autoayuda le han proporcionado, que son eternos. “¡Trabajar por 6.000 pesos! ¿Está loco?” Pero ya no está alienado y conoce el camino a la cima; esta vez no va a desviarse por senderos luminosos ni tomar atajos que conducen a callejones sin salida. ¿Cómo se siente ahora, una vez concluido nuestro seminario? “Creo que ya no me gustan los negros pichis envidiosos”. Pues ahora es rico. Deposite exactamente $ 6.000 cuando se retire, por favor.

Anexo: diálogo socrático sobre la virtud, extraído de otro de nuestros trabajos teóricos.

Como dijimos, la virtud obrera difiere con mucho de la virtud suprema, y aquélla se puede considerar subsidiaria directa de ésta. Por tanto, no es imperioso que adopte sus mismas formas, sino más bien que sea una correcta traslación de sus aspectos principales. Una versión abreviada, que se remitirá siempre, a efectos de contralor, al tribunal regulador.
Entonces, llegamos finalmente a la esencia misma de la virtud proletaria. El cuerpo de doctrinas se describe a continuación:
– Aceptar la autoridad de quienes le suministran tan valioso instrumento.
– No renegar de éste.
– No pugnar por freedom bajo ninguna circunstancia, dado que se ha admitido la pertinencia de las disposiciones.
– Tomar la vida tal como le vino, puesto que está bajo la égida de la virtud.
– Aceptar el mazazo correctivo si se desvía de las ordenanzas.
– Laburar de buen talante y someterse a los rigores del trabajo, aceptando que su constitución moral es francamente reprobable, pero que puede ser corregida.
– ¿Corregida por quién? Por los representantes de la virtud.
– ¿Corregida de qué modo? Por los canales usuales en este tipo de casos: la enseñanza firme y quizá algo propensa al castigo físico, trato necesario ante la presencia de marranos cochinos.
– “Pero si yo soy un marrano cochino proletario”, dirá ud., “¿qué preserva su integridad, oh lord de la virtud?” Yo soy garantía de mi virtud. No respondo a fundamento alguno. “¿Qué sostiene al elefante, que a su vez sostiene a la tortuga, que es apoyo del mundo?” Nada. Es su propio sustento.
– “¿Y no puedo disentir, en vista de que su virtud es inobjetable?” Precisamente, mi virtud es inobjetable; se asiente a ella o se resigna su valía. Nada le impide ser un marrano cochino proletario, es su decisión.
– “¿Y si decido ser un marrano?” Elige mal.
– “¿Por qué motivo?” Porque yo lo digo.
– “¿No es eso un círculo vicioso, una regresión al infinitum, una petición de principio?” En efecto. Reconozca mi altura y sitúese donde le corresponde.
– “¿Y si su virtud presenta alguna grieta?” Eso no puede ocurrir. Encomiéndese de una vez.
– “Aún soy capaz de dudar”. Yo no, por eso soy virtuoso.
– “No me agrada su manera de razonar”. A mí no me agrada su vida, y sin embargo le ofrezco una salida. No es una cuestión de preferencias, sino de deber. Yo acepté el mío, ud. acepte el suyo.
– “Pero Ud. dijo que todo hombre es un cretino”. Sí. Pero yo superé esa etapa; en cambio, ud. sigue navegando en la ignominia, en la procacidad, resuelto a no reformarse.
– “Pero siempre seré pobre, débil, socialmente excluido…” No es mi problema. Fue su elección. Al menos sea lo suficientemente hombre como para recibirlo con la debida dignidad.
– “Pobre pero honrado”. No. Pobre pero cochino, en tanto no agache la cabeza.
– “¿La virtud radica en la resignación?” No. La virtud radica en la indiferencia hacia su desgracia. Cuando sea incapaz de luchar, será virtuoso.
– “Pero, ¿no es cierto que todo hombre forja su destino, que su capacidad de oponerse a la desdicha es su más preciado bien?” Si eso fuera cierto, ud. se forjaría un destino cochino. No, sepa contentarse con practicar la virtud. Allí está todo el bien que necesita.
– “Pero Ud. tiene todo lo que yo jamás tendré: es rico, dispone de tiempo ocioso, tiene una buena casa, ¡come todos los días…!” Por algo será. Además, mi ocio se consume en la reflexión, y las riquezas son un accesorio del que puedo prescindir, mas ud. no puede prescindir de su suciedad espiritual. La virtud está en la renuncia.
– “Por último: ¿qué sucedería en caso de que yo impugnara todas sus enseñanzas? ¿me daría un ‘tate quieto, verdad?” Ciertamente, pero la cuestión no se agota allí. Ud. habría fracasado en su aprendizaje, yo habría fracasado como maestro, y reinaría la execración.
– “Una cosa más: la virtud da sentido a la vida, de lo que infiero que sin la virtud…” Sí, nada hay fuera de la virtud. La virtud es el límite de su mundo. Por eso es importante que la acepte. Todo es absurdo al margen de la virtud.
– “Su argumento es sólido”
– Correcto.

Música de cañerías

Un hombre que se desempañaba como operador en canal 4 en el turno de la madrugada fue detenido luego de que, presuntamente bajo los efectos de estupefacientes, conectara su mp4 a la computadora desde la que trabajaba, sustituyendo la música soporífera por un feroz punk rock inglés de principios de los ’80.

El acusado, fan de GBH, declaró ante el juez que “tenía los huevos llenos con Arjona, Alejandro Sanz, Marc Anthony et al“. Se asumió como culpable y se mostró completamente arrepentido: “Por un momento, me creí Dios. Fue un error”, dijo.

La dirección del canal emitió un comunicado en el que expresa su pesar a todos los afectados, indicando que se aumentarán los controles para que hechos tan lamentables no vuelvan a ocurrir. Canal 4 se responsabiliza por la conducta del empleado desleal, y asegura que se tomarán medidas de seguridad que impidan la conexión de aparatos de uso doméstico en los equipos de la emisora, además de realizar exámenes de alcoholemia, drogas y otras pichicatas a todos los funcionarios.

La doctora María de los Ángeles Beltrán Scheck, soltera, de 46 años y presuntamente virgen, luego de aclarar que hay que matarlos a todos, cuenta que: “Esa noche había tenido una cita (nota del juez: no es cierto) Me acosté cerca de las 2 a.m. Estaba reflexionando sobre mis cuatro décadas con Arjona de fondo; en canal 5 estaba el doctor Gustavo Vaneskahian entrevistando a Gustavo Penadés por enésima vez en lo que va del año. En el 10 repetían un programa de extracción del mal con acento brasileño, y en el 12 estaba el Telechato. En fin, dejé el 4 para conciliar el sueño, luego de tomarme 50 mg. de Clonazepam, 150 de Diazepam, 500 de Alprazolam y un huevo crudo diluido en jugo de limón con azúcar. De repente, cuando ya estaba casi dormida, escucho, y logro entender ya que poseo el El Cambridge ICFE del Anglo entre otros certificados, unos gritos infernales bramando sobre bebés de ciudad atacados por ratas. Me descompensé; apenas tuve tiempo de llamar a Blue Cross para que me asistiera”.

Por su parte, Marcelo Perdomo, de profesión taxista, dijo: “Me encontraba en la cocina, alrededor de las 2 a.m. del domingo. No podía dormir porque mi mujer se había ido de casa con mis hijos, gritándome ‘¡cornudo, hijo de puta, no me vas a ver nunca más!’ y otras cosas por el estilo. Yo estaba tomando whisky, ahogando las penas en alcohol como quien dice, y escuchando a Arjona con el revólver al lado, pensando qué hacer, cuando siento un ruido de la gran puta. Tiré un par de cuetazos por las dudas y enseguida me di cuenta que era el televisor. Me vinieron ganas de irme de putas y drogarme, no sé por qué”.

La doctora María de los Ángeles Beltrán Scheck presentó una demanda por “desequilibrio cognitivo” y “socavamiento de paradigma”. En tanto, Marcelo Perdomo no inició acciones legales, al tiempo que el representante de Ricardo Arjona recurrió a la justicia por considerar que se había afectado su derecho a ser difundido constantemente en el horario referido.

El canal, por su parte, se comprometió a resarcir a los damnificados utilizando la música del cantautor guatemalteco como cortina de Telenoche y de todos los procedimientos policiales que involucren acción sin límite y persecuciones electrizantes.

Reflexiones sobre la publicidad estatal, la inseguridad y los medios de comunicación

Siendo esta una preocupación legítima del presidente, a la que me adhiero como abrojo a la lana, me permito discrepar en todo lo demás con el abuelo pitufo que dirige esta Pitufolandia creada por Gran Bretaña. O sea, en mi opinión, le volvió a errar al bizcochazo.
El anciano razonó de la siguiente manera: la publicidad de las empresas públicas se dirige a los medios de mayor audiencia; los medios de mayor audiencia promueven la teletubización del público a través de una presentación sesgada de la información policial, volviéndolos votantes de Pedro; la publicidad estatal tiene el paradójico resultado de atentar contra el Gobierno. Es un razonamiento lineal, cuya consecuencia sería el recorte de la publicidad estatal en esos medios. Muy simple.
Pero los medios de comunicación de mayor audiencia también venden celulares gracias a la teletubización del público, un resultado muy deseable ya que la empresa telefónica pública compite con los operadores privados en esa área. ¿Entonces? Si cedemos el espacio a los operadores privados, piratas transnacionales, sus celulares terminarán por desplazar a los nuestros, patrióticos y orientales instrumentos de comunicación y liberación nacional. El chancho o los 5 riales. ¿”Riales” dijo? ¡Allí está la solución!
El problema radica en que la publicidad oficial no sigue la ley fundamental del marketing: orientarse hacia sus potenciales consumidores. Un celular de Ancel junto al rapiñero del Abitab suena tan mal como un ringtone de Napalm Death, de modo que el cliente potencial es indiferente al mensaje. Mi propuesta es tan simple como la del abuelo pitufo, pero apuntada, cual escopeta de caño recortado de un menor fugado del INAU, al lugar adecuado: la seguridad.
La idea es diametralmente opuesta a la del presidente: en lugar de retirar la publicidad oficial, dirigirla en el sentido de la corriente; en lugar de promocionar el telefonito, la pavadita, vender servicios necrológicos, con los que el Estado ya cuenta: lugares privilegiados en cementerios municipales para víctimas de la inseguridad, coches fúnebres especiales (¿por qué no una carroza fúnebre azul y blanca con sirena, para reclamar justicia junto con la procesión?), etc. (descarto la venta del gas militar que revive a los muertos en Return of the living dead, ya que incluso si el ejército dispusiera de él, no creo prudente su uso por razones de holocausto zombie, entre otras)
Pero alguno objetará: “sí, eso está muy bien, el Estado tiene servicios de seguridad que vender, pero ¿y los celulares? ¿Quedan a cargo de los piratas transnacionales?” No, en absoluto; por ejemplo, podría privilegiarse a sus usuarios ofreciendo un número especial para emergencias: a diferencia del poco práctico 999 (“London is burning, dial 999!” cantaban proféticamente los Clash… nada, una digresión) los clientes de Ancel podrían acceder a la cana con sólo discar el 9. ¿Quién se opondría? Al pirata transnacional lo asaltarían ferozmente mientras disca todos esos números, sin embargo, ud., cliente preferencial, con sólo digitar un número, tendría al Ministro Bonomi, una cámara de Telenoche, dos helicópteros y un pterodáctilo (o peterodáctilo) policiales, además de 27 efectivos del grupo GEO al instante.
¿Y los canales privados, por fin? ¿Recuerda cuando hablé de Rial más arriba? Bien, los informativos terminarían el proceso que ya han comenzado, fusionándose con los programas de chimentos; en este nuevo formato, las estrellas de la inseguridad serían las figuras mediáticas.
Telenoche, siempre pionero en estos temas, ya ha aplicado con éxito la nueva modalidad en sus últimas ediciones, donde se pudo ver a Cris Namús, la senadora Alonso y García Pintos (este en realidad agredió a un menor, a la inversa de los otros; no sé si cuenta o más bien se trata de un caso de “hombre muerde perro”) exhibiendo los resultados de la política tupamara de amparo al pichaje.
Un juego en el que todos ganan.
Los interesados, contactar con el Departamento de Relaciones Públicas del Pozo Escéptico, sito en Pasaje 22 metros 15 centímetros, barrio Forty weeks, de 2 a 5 A.M.

El Pozo Escéptico investiga

De acuerdo a lo informado por la prensa en la jornada de ayer, el liceo número 62 de Colón se encuentra de paro a raíz de los reiterados hechos de inseguridad registrados en el centro educativo. Un cronista de El Pozo Escéptico se acercó hasta el lugar y, luego de sustraer un microscopio del descuidado laboratorio, arrebató a los profesores los siguientes testimonios:

Adriana T., docente de historia: “Lo que pasa en este liceo no es nuevo: me recuerda a los hugonotes perseguidos por Luis XIV tras la revocación del Edicto de Nantes. Nosotros seríamos los hugonotes, no Luis XIV, que era como un plancha de la monarquía, y así le fue. Creo que podemos derrotarlos.”

Sandino N., docente de filosofía: “Lo que sucede en el liceo 62 es apenas un síntoma del desplazamiento del sujeto moderno kantiano en dirección del posmodernismo territorial, donde las identidades fundadas en los valores ilustrados, en la norma universalizadora que emana de la Razón, son sustituidas por el vínculo etnográfico primordial del capitalismo tardío: la tribu.” (Fuera de micrófonos, señaló que piensa que hay matarlos a todos)

Richard T.T., docente de química: “Esto no es nada raro en el estudio de fenómenos complejos: ojo, no estoy sugiriendo que la analogía química sea válida en sociología, pero si nos fijamos en el comportamiento del átomo aislado cuando realiza el enlace para formar una molécula, vemos cómo emergen propiedades que no están presentes en el átomo individual. De manera que un plancha te roba los championes, muchos planchas vandalizan el liceo. Hay que fisionar al plancha, pues”.

María Pía (pero no grazna), docente de literatura: “Me da miedo ese chorro, buen recuerdo, señor fuerte, implacable cruel dulzor. Me da miedo. (César Vallejo)”

Mario B., docente de dibujo: “Pintó robar.”

Graciela R., docente de matemáticas: “Hagamos una estadística elemental: en el liceo hay 1800 alumnos, distribuidos en tres turnos; de ellos, el 40% son planchas. El 41% de los estudiantes son chorros. Según el teorema de Bayes, hay una altísima probabilidad de que ud. me haya robado el microscopio.”

Pedro B: “Son una manga de pichis. Hay que matarlos a todos.” Era el portero.

Curso elemental de lógica para medios de comunicación

Ocurre un atentado en Oslo, con alrededor de 100 muertos; los medios informan que un grupo islámico se atribuye la autoría; poco después, los autores son “terroristas antisistema”; por último, un poco más tarde, se conoce la versión definitiva: un untraderechista local indignado por la política de boicot a Israel del gobierno socialdemócrata. ¿Cómo es posible? ¿Qué les están enseñando a nuestros niños en esas escuelas de Comunicación Social que ni siquiera son capaces de sostener la versión islámica hasta el día siguiente? Su paradigma posmoderno no les permite vincular hechos entre sí, esa es mi opinión. Es hora de terminar con esta situación.

Hagamos lo siguiente: tomemos algunos elementos al azar, por ejemplo: el neonazi de Oslo; la muerte de Amy Winehouse; Pedro B; el robo de un Abitab cometido por un menor. Ahora sumemos: armas; droga; fascismo. Nombramos las variables: NO (Nacionalsocialista de Oslo); AW (Amy Winehouse); P (Pedro); MRA (Menor Roba Abitab); (x) armas; (y) droga; (z) fascismo. ¿Entendido? Bien. Con seguridad, en la escuela le enseñaron a definir todos los operadores lógicos partiendo de dos de ellos, ¿verdad? Entonces, partamos de las operaciones identidad y transitividad para demostrar, por ejemplo, que Pedro es Amy Winehouse, entre otras cosas. Veamos:

Nacionalsocialista de Oslo (NO) = fascismo (z), que escribimos NO (z). Una tautología. Pero tenemos que Pedro (P) = fascismo (z), que escribiremos, obviamente, P (z). Y (z) = (z) desde luego. Operando P (z) ==> NO (z). Pedro y el Nacionalsocialista de Oslo son fascistas. Nada nuevo.

Prosigamos. Si NO (z) y (z).(x) entonces NO (x) (El Nacionalsocialista de Oslo posee armas ya que las armas son consustanciales al fascismo, según el teorema) Pero MRA (x). De modo que: NO (x) . MRA (x) ==> NO (x) = MRA (x). El Nacionalsocialista y El Menor que Roba Abitad son lo mismo.

Ahora tenemos: AW (y) . MRA (y), o sea, Amy Winehouse usaba muchas drogas y el Menor Roba Abitab también.

Por último, repasando el camino que nos trajo hasta aquí: (P (z) ==> NO (z)) . NO (x) . MRA (x) ==> NO (x) = MRA (x) . (AW (y) . MRA (y)) lo que evidentemente quiere decir que Pedro es Amy Winehouse o que Amy Winehouse podría robar un Abitab. Ahora cambie al menor, a Amy y a Pedro por Al Qaeda y demuestre que el atentado fue obra del Islam.

Rezando al Santo Botón

¿Alguna vez se preguntó qué tienen en común Telenoche, los milicos, las razzias de Bonomi y Pedro B. (más allá del fascismo)? Siga leyendo para averiguarlo.

Es mucha la gente que se encomienda a un santo para obtener algo que desea en lugar de esforzarse por ello, por distintas razones: costumbre; debilidad epistémica; debilidad física; imposibilidad lógica o material de la cosa; flojera, etc.

En la mayoría de los casos no se produce el resultado buscado, lo que conduce al hereje pagano (que se encomendó en un primer momento sin convicción, como podría haberlo hecho a Chuck Norris o a Los Magníficos de haberle sido recomendado o de haber sido adoctrinado debidamente) a abjurar de la religión y putear al santo al que acaba de pedir socorro. Yo mismo he sido testigo de escenas de hondo dramatismo, en San Cono por ejemplo, de gente arrojando una camiseta a la cara indiferente de la estatua mientras la culpaba por el descenso de su equipo: “¡nos fuimos a la B, culorroto, acá tenés la camiseta que te prometí para que te la metas en el ojete!”, recuerdo que gritaba un gordo, poco versado en teología a mi juicio, barrabrava de algún equipo menor. O la muchacha divina aquella que lo increpaba porque el novio rico le había metido las guampas: “Santo puto, lo único que te pedí fue que se casara conmigo, ni eso podés hacer, laconchadetuhermana”. Y así tantos otros.

Considero que esto es un error, ya que el fracaso no se debe al desinterés divino sino a la participación del agente menos solidario del santoral: el Santo Botón.

Nacido en 1296 en Padua y muerto posiblemente en 1297 en Padua, el Santo Botón, como su nombre lo indica, ganó su reputación protegiendo a los poderosos e ignorando a los humildes.

Moralmente más abyecto que Pedro Abelardo, sin embargo fue más vivo que éste al buscar el amparo de la autoridad para su vida licenciosa, y de este modo logró hacer la plancha en cuanto a milagros en su fugaz carrera. Ejecutó los estrictamente necesarios para alcanzar la canonización, ni más, ni menos; y todos ellos fueron concedidos a quienes ganaron la subasta previa convocada por el canalla.

Siendo menor, tuvo una navaja, como Guillermo de Occam, pero a diferencia de aquel la utilizó para cometer rapiñas contra los cambistas itinerantes, los Abitab de la Edad Media.
Precursor de la coima política, timbero, probable inventor de la estampita como método de propaganda, aristotélico part time y desdeñoso de la teoría la mayor parte del tiempo, el Santo Botón se consagró delatando a aquellos que pedían milagros tan personales que revelaban algún dato pertinente para la autoridad. Así, muchos de sus devotos, confiando en la reserva que tal relación implica, terminaron en cana sin saber qué había sucedido. Lo peor es que algunos volvían a pedirle auxilio desde el calabozo. De esta forma se convirtió en un valioso colaborador de las fuerzas del orden, que pagaron sus servicios manteniendo reserva sobre la situación, y es por eso que hoy, en lugar de estar cubierto por la calumnia, continúa operando como un santo más a la par del resto.

En la actualidad es posible encontrar, en las oficinas de Fernando Vilar y del Ministro Bonomi, la imagen de este ser abyecto (del santo, no de Vilar, aunque no son excluyentes)

Una historia violenta

Dime, dime, ¿para quién hicieron la carcel?
porque el rico nunca entra y el pobre nunca sale.

La Polla Records

Los delincuentes, fuertemente armados en la jerga de la crónica policial, llegaron en un vehículo y se detuvieron frente a la casa. Adentro, la madre, que estaba cocinando, no oyó la frenada ni los gritos del hijo mayor que, apuntado con una pistola, entraba empujado bruscamente por los malvivientes. Estos comenzaron a destrozar y revolver todo, amenazando y ordenándoles que se quedaran quietos si no querían que alguien saliera lastimado.
Por la mente de la mujer pasaron episodios repetidos interminablemente por la televisión, que por cierto ya debía estar en camino para cubrir el hecho, donde los maleantes copaban sin consideración a personas pobres, tan pobres como ellos, se metían en sus casas, golpeaban a menores y mayores y luego, si todo iba bien, se iban dejando una familia destrozada, presa del miedo. Trató de reprimir estas imágenes y mantener la calma, sobre todo eso, ya que su hijo de trece años parecía muy asustado y eso era mala señal con aquellos hombres armados y temerosos revisando todas las habitaciones.
La angustia distorsionaba la percepción del tiempo, que pasaba con una lentitud tal como si las manecillas se hallaran también bajo amenaza e intentaran resguardarse junto a los moradores. La mujer vio que otro auto esperaba afuera y supo que era inútil pedir ayuda. Escuchó gritos y llantos que venían de la calle y temió que también hubieran entrado a lo de su amiga, según la modalidad criminal de golpes rápidos y simultáneos en varias casas, pero no podía hacer nada más que resignarse y esperar que todo pasara pronto. La vecina tenía hijos chicos, pensó, no podían ser tan crueles, aunque ella misma estaba experimentando el salvajismo en su propia carne y no tenía duda de lo que eran capaces.
Entraron al cuarto de su hijo y éste, agitado, escapó de sus manos y fue tras los maleantes sin pensarlo, ya que allí se encontraba el cachorro mugriento, ese mismo que había traído de la calle y la madre no quería en la casa, ese desdichado al que tanto quería por parecerse a él en muchas cosas. El perro ladró y lo patearon con furia, sin misericordia, y cuando el muchacho gritó de rabia, con lágrimas en los ojos, lanzándose sobre uno de ellos, le dieron un golpe con la culata del revólver, abriéndole un corte sobre la ceja del que enseguida empezó a salir gran cantidad de sangre. La madre, que venía detrás suyo dejando escapar las lágrimas también, recibió un empujón y una feroz patada en el piso, junto a la intimación reiterada a quedarse quieta y controlar al chico.
Mientras, sollozando, limpiaba la herida del hijo y lo calmaba, cruzó por su cabeza una idea que la precipitó en la desesperación y la llenó de un miedo desconocido hasta entonces: en un rato, aunque no podía precisar la hora, debía llegar de la escuela la hija menor, Sofía, y no sabía cómo podía reaccionar frente a la situación. Quizá corriera a buscarla a ella, asustada, o se paralizara antes de entrar, o posiblemente llamara a su hermano que la esperaba todos los días a la salida aunque no fueran más que dos cuadras las que tenía que caminar. Pero lo peor, antes que nada de eso, era que iba a encontrarse con los que cuidaban la puerta, y estos con toda seguridad no iban a permitir que una niña se pusiera a gritar y llamar la atención en plena calle.
Quiso ahogar el llanto doloroso que se apretaba en la garganta convocado por aquel pensamiento; los delincuentes, que notaron los gemidos contenidos, siguieron insultándola y amenazándola para que se quedara callada.
De repente, como si todo lo que había imaginado fuera un recuerdo preciso y no un presagio agobiante, oyó la voz entrecortada de la niña llamándola desde la puerta. Su hijo se incorporó arrancado por los quejidos dolorosos que desdeñaban toda prudencia y salió, una vez más, corriendo hacia la entrada sin atender su llamado penoso, quebrado, cargado de las consecuencias que el corazón había adivinado sin necesidad de razonamientos profundos.
Se escuchó un grito: “¡Quedate quieto, pichi de mierda!”, seguido de un disparo. Fue todo.
Ella ya no estaba en él cuando su cuerpo, pateado y esposado, fue subido a la camioneta de la policía mientras canal 4 transmitía en vivo un nuevo, exitoso operativo de saturación en un barrio marginal.

444: The number of the beast

Almendras, informado de que por fin había ocurrido, no pudo ocultar la enorme sonrisa mientras corría al móvil para hacerse a la calle cuanto antes. Dada la situación, o al menos la presunción de estar frente a lo que por tanto tiempo habían esperado, el canal no escatimó la cantidad de cámaras y equipos puestos a disposición del operativo.
Según el anónimo, buena parte del centro ya había sido tomado y estaba bajo control del sujeto social posmoderno más apreciado por canal 4: menores marginales drogados, delincuentes de nuevo tipo, deshecho humano, en resumen. El bigote de Almendras, como el perro de Pavlov, se humedeció producto de la baba que escurría por la comisura de sus labios; sus ojos, funcionando a modo de cámaras, escrutaban el horizonte en busca de una señal de la masa lumpen derramándose por las calles de Montevideo.
La camioneta se desplazaba a toda velocidad hacia el punto indicado, girando velozmente en las esquinas sin tomar ninguna precaución. Vilar, desde estudios, semi desvanecido, apenas era capaz de presentar los crímenes insignificantes que, comparados con la primicia que su imaginación acogía, eran lo que un choque de bicicletas a un desastre múltiple carretero.
Por fin Almendras hizo contacto ocular. La baba rabiosa surgió de la boca contra su voluntad como un volcán en erupción; aquello era mejor de lo que cualquier testimonio podía haber adelantado. El recuerdo fugaz de 2002 lo asaltó como un pichi lleno de pasta base a un autoservicio sin 222: miles de planchas avanzando a los tumbos debido a las drogas destruían y vandalizaban todo a su paso, ¡sobre todo a los transeúntes! El espectáculo de mutilación y sangre era ciertamente lo que canal 4 había estado esperando en vano por años, llenando horas y horas de programación con pequeños robos y arrebatos con la esperanza de que un día sucediera. Ahora estaba sucediendo y era como si la mente creativa de un guionista del canal lo hubiera escrito, pero los detalles superaban cualquier cosa que las noches solitarias de un jefe de informativos salvaje pudiera concebir. Indigentes, miles de ellos, sin ningún motivo (nada que explicar, pues), ejercían la violencia a discreción y ni siquiera se apoderaban de los objetos que en otro momento habrían justificado semejante conducta. Esta era una manifestación de irracionalidad perfecta, síntesis de la belleza aristotélica en la sociedad posindustrial, hecha a la medida de un noticiero neutral cuyo propósito es oficiar de medio entre las imágenes sin editar y el espectador ávido de ellas.
Almendras los contempló desde el móvil pero no pudo resistir el impulso primitivo que anima al periodista a confundirse con la masa bárbara y se entregó a ellos, micrófono en mano, para absorber de primera mano las declaraciones espontáneas de los protagonistas. Ya en la calle, la orgía de sangre nubló su razón dotándola de una felicidad que un triste cronista no suele experimentar; planchas, planchas por todas partes, peinados exóticos de colores brillantes, championes marca Nike y gorras por doquier cubiertas con la sangre de inocentes comerciantes de clase media ofreciéndose en cuadros capturados, como los adolescentes imputables, en alta definición.
Vilar extasiado pedía más planos de niños desmembrados, que por suerte Almendras recogía a cada paso sin olvidar los suvenirs para los compañeros. Mientras tanto, un sociólogo convocado de emergencia encontraba difícil aclarar lo que estaban viendo; su conjetura se basaba en una nueva droga experimental obtendia por accidente, como hiciera Dee Dee Ramone en Rock ‘n roll Highschool; sin embargo, el Ministro del Interior no tenía mayor dificultad para hacerlo, enviando a todos los efectivos bajo su mando a reprimir la revuelta.
Se levantaron barricadas que pronto se descubrieron inútiles para contener la situación. Los policías, héroes del canal, también se convirtieron en víctimas de los desclasados. Un comisario cuya cabeza reposaba gentilmente al final de su macana traducía el estado de emergencia desbordante mejor que ninguna otra cosa (salvo quizá alguno de sus subordinados ajusticiado con igual exceso para satisfacción del embelesado Almendras, quien ya no distinguía entre amigos y enemigos del orden, atrapado como estaba en un sueño largo tiempo acariciado, como el niño que por fin consigue ser escupido por Cacho Bochinche y vuelve a casa con una sonrisa junto al gargajo que se descuelga, cual Tarzán, por su cara)
Los árboles lucían cuerpos destrozados como adornos de una Navidad temprana; los bebés eran los caramelos que servían de postre al festín bestial que se estaba desarrollando; las viejas se disipaban como papel arrugado en el viento; los jóvenes de bien eran el plato más suculento de la bacanal lumpen.
Vilar insistía en categorías que se estaban desplazando tan rápido como la masa por la cuidad, el fracaso del INAU, la falta de valores, la DROGA, así, destacando en el collage pero poco eficaz para abarcar los fenómenos que se posaban ante sus ojos. Como un brote imprevisto de una planta seca en otoño, la explosión del reactor apagado de Fukushima, un Tsunami surgiendo de una bañera sin agua, eso era lo que estaba ocurriendo, algo que ni la ciencia ni el sentido común tenían herramientas para interpretar. Peor aún, o mejor según se lo mirara, este desborde conceptual que había capturado a la audiencia como un secuestrador armado se dirigía hacia Paraguay y Tajes.
Se montó un dispositivo especial de transmisión en medio del holocausto; el satélite se destinó a este solo efecto, se canceló toda la programación (si es que algo quedaba para entonces fuera de los informativos casi permanentes) y cada cámara y micrófono fue asignada a este hecho definitivo. “¿Por qué no escucharon a Pedro cuando se los advirtió, insensatos?”, clamaba Vilar, reportero del apocalipsis, increpando a una audiencia nunca lo suficientemente comprometida con la baja de la edad de imputabilidad y la mano dura. Ahora la mano dura la aplicaban los pichis en represalia por la laxitud de un pueblo de guampudos cuya irresponsabilidad frente al delito los había colocado al borde del abismo, corriendo y con las suelas gastadas.
Todo esfuerzo fue estéril. Ya no quedaban fuerzas leales de ningún tipo en ninguna parte, y tal vez solo Vilar, quien durante años había sido el último baluarte del uruguayo honesto, resistía pese a la adversidad incontenible. Por fin llegaron al canal. Almendras se abrió paso hacia el Centro Montecarlo de Noticias, convertido en refugio de Fernando y su escopeta de caño recortado, parapetado detrás de su escritorio y relatando en vivo la entrada de su colega.
Lamentablemente, aquella muchedumbre informe no procedía de donde siempre la había esperado canal 4, de los asentamientos, ni era un populacho miserable buscando revancha, sino que provenía del cementerio Central y estaba encabezada por el mismísimo Jean Georges Almendras, muerto hacía años en un procedimiento policial en el barrio Borro.