We are 127

Sentí que el mundo entraba en un final y le dije suavemente que se fuera a la raíz cuadrada de la putísima madre que lo parió. (J.C.Onetti. Cuando ya no importe)

Subí al 127 en la parada de siempre, a la hora que acostumbraba hacerlo todos los días. Saqué un boleto Oeste-Este de doce horas, que permite perfectamente descansar ocho en el vehículo y volver al trabajo en el mismo ómnibus, idea adoptada gracias a los auspicios de la Cámara Empresarial, que vio la ventaja de que sus súbditos permanezcan en constante movimiento en la ruta de su ocupación.
Muchos de los pa(sa)jeros se encontraban en la misma situación. Me senté contra la ventanilla en la segunda fila, junto a un empleado de oficina que revisaba varias carpetas con un café en la mano libre y la almohada sobre las piernas. Los pocos asientos desocupados fueron asaltados por viajeros-inquilinos dotados de los enseres necesarios para habitarlo al menos un día. Muchos se saludaban como vecinos de toda la vida, con preguntas sobre la salud de la familia y cambio de chismes acerca de los ausentes inesperados. En la vereda, un ama de casa adaptada a la nuevas relaciones obrero-patronales lanzó al paso del bus un suculento desayuno compuesto de café, tostadas con manteca y mermelada, y la pastilla para la presión de su marido. Éste lo atrapó sacando la mano por la ventanilla y mandando al mismo tiempo saludos a unos hijos que apenas lo conocían como imagen fugaz en la ventanilla del 127.
Más tarde, una muchacha que estaba más fuerte que el temporal de Santa Rosa subió, cambió unas palabras con el guarda (que le pidió el cambio justo de palabras) y cruzó el pasillo como si se tratara de la pasarela más encumbrada de la moda internacional para dirigirse hacia el fondo, donde un joven más bien feo y mal arreglado la esperaba con una sonrisa. Ante el asombro que no era tal sino más bien envidia del resto de los presentes, empezaron a tocarse y sacarse la ropa con un visible apremio y más visible aún calentura. Lo que pasó después es algo que el pudor me impide referir pero la crapulencia me obliga a contar: el joven no cumplió sus deberes conyugales y la chica, cuya calentura opacaba su sentido moral, si es que lo tenía, lo reemplazó sin más por un afortunado y eficiente desconocido. Creo que se agregaron luego varios participantes más, pero para entonces yo tenía entre manos asuntos de la mayor importancia que no admitían dilaciones.
Poco después la señora de la sexta fila, compañera habitual de viaje, escoltada por su analista para la consulta semanal, pidió al chofer que parara a fin de comprar el antidepresivo en el instante en que le fue recetado, tal como manda la práctica clínica moderna. Cuando el ómnibus se detuvo sucedió lo impensado: cuatro punks de apariencia repulsiva pidieron permiso para subir a tocar una canción. El conductor no vio ningún inconveniente en que lo hicieran y les franqueó la puerta, provocando la sorpresa de todo el pasaje. A mí me resultaron simpáticos y de hecho, y con esto no pretendo difamar a nadie, me parecieron mejor higienizados que muchos de los exaltados. Uno de ellos, su líder supongo, dijo unas palabras en un dialecto punk que algún antropólogo o degenerado vaya uno a saber tradujo a los demás más o menos como sigue: “Somos artistas callejeros que les robamos (el traductor pudo haberse equivocado aquí) un minuto de su amable atención para entregarles una humilde canción que esperamos les alegre la mañana, manga de hijos de puta vendidos al sistema váyanse a la concha de su madre y métanse sus trabajos de mierda en el culo, chupapijas (el intérprete quizás haya agregado algunas expresiones propias aquí, no lo sabemos con certeza) Gracias, esperamos sea de su agrado y aquellos que deseen colaborar pueden hacerlo y los que no se pueden meter las monedas de mierda que nos niegan en el medio del orto y las damas por la cotorra. Chúpenla, putos”. Enchufaron los equipos, batería, bajo y guitarra, previa instalación de un amplificador y un par de columnas de Marshalls, y cuando el vehículo se puso en movimiento, tras el regreso de la vieja conchuda (perdón, se me pegó) de las pastillas, empezaron a tocar.
Por lo visto el traductor no entendió plenamente el mensaje, o quizás aquellos vándalos cambiaran sus planes sobre la marcha, lo cierto es que minga iban a tocar un solo tema. Arrancaron con una sección de clásicos del género o degénero, como prefieran, entre ellos joyas como Blank Generation del gran Richard Hell, Buzzcocks, Sham 69, Cock Sparrer y mucho Oi! de un gusto pésimo como mínimo.
Al principio la audiencia se mostró entre indiferente y apática, dejándolos pasearse por su repertorio sin prestar atención, pero con el correr de los minutos algunos empezaron a exasperarse. La madre que le daba el pecho a su criatura (no era un bebé, era propiamente una criatura atroz, que merecía más que le dieran la espalda que el pecho… omnis mundi creatura cuasi liber et pictura) arrojó la mamadera a los inadaptados, que lejos de ofenderse apreciaron el gesto de respeto y extendieron el setlist. La vieja conchuda los escupió y el bajista le devolvió el escupitajo y esto condujo a un nutrido intercambio de secreciones nasales que sólo afianzó la posición de los vagos faloperos delincuentes inútiles. Para entonces el guarda y conductor se habían entregado al espectáculo clausurando puertas y salidas de emergencia. Quienes esperaban el ómnibus en las paradas se negaban a subir y el público involuntario no se atrevía a bajar, puesto que el único que lo intentó, un viejo con menos punkrock en la sangre que sentido común en el televidente de Telenoche 4, fue sodomizado por el baterista con los palillos que luego usaría para ejecutar Holliday in Cambodia de los Kennedys.
Los únicos que no rechazaron la invasión fueron los involucrados en la orgía, a la que los punks se sumaban entre canción y canción. Mi compañero de asiento, El Oficinista, trató de establecer contacto con la coqueta señora del asiento maternal que ofrecía la esperanza de una oposición sólida a la inmoralidad. La misma, cotorruda de profesión y confesión, casada con la familia, tradición y propiedad, era la candidata obvia a encabezar la resistencia. Por desgracia también era candidata indiscutida a un cadenazo bien dado en el medio de la jeta, y esto fue lo que efectivamente ocurrió en primer lugar del orden cronológico.
El ómnibus circulaba ya sin rumbo navegando en una marea de sonidos estridentes (el cantante es-tridente: tiene solo tres teclas); adentro el tiempo parecía detenido y las víctimas de la absurda situación bebían sorbos de su destino y lo aceptaban como el náufrago acepta la deriva de su nave, en cómodas cuotas de hechos fortuitos encadenados por el azar. Yo empecé a creer que esto no estaba mal del todo, que quizás nos estaban arrebatando una rutina cuyas raíces se extendían a todos los pasajeros de ese 127 y los comunicaba en su indolencia compartida, que este viaje era definitivo y no tenía retorno, no había vuelta al boleto de doce horas con pernocte, a la monotonía del asfalto de siempre impregnado en los rostros de siempre que reflejan las vitrinas y las vidas de siempre allí afuera, aquellas a las que no teníamos acceso en nuestra condición de peregrinos perpetuos atrapados en la senda de un trabajo, la casa con su correspondiente familia, los accesorios en forma de hijos/perro/televisor/Telenoche/inseguridad y cada compartimiento en su debido lugar listo para ser extraído cuando las convenciones lo requirieran, todo aquello parecía tan lejano como la parada de origen y la época en que un viaje comportaba el riesgo, la oportunidad, la salida, la diferencia.
Mi vecino me clavó una mirada inundada de estas dudas que atravesaban mi rostro y le devolvían sus mismas conclusiones, aquellas a las que no quería ceder. Uno por uno, los demás pasajeros empezaron a mostrar esta expresión recién adquirida, esta parcela conquistada de incertidumbre a la que se aferraban en ausencia de las coordenadas conocidas. Ahora los inadaptados parecíamos nosotros, tan ajenos a esa zona liberada que se nos ofrecía empaquetada en tres acordes y distorsión extrema. La madre del adefesio encabezó el cruce del último puente que nos ataba a esa vida puesta entre paréntesis. Arrojó a la inmundicia por la ventana, renegó del título de graduada en maternidad y doctorada en frustración matrimonial y nos empujó a agitar, a hacer pogo, a soltarnos el cinturón de Simbad que tan bien habíamos aprendido a llevar por conveniencia y miedo y conformidad.
Era de noche y los celulares anclados en la tierra que ya no recordábamos intentaban retenernos; encargados y jefes de personal lanzaban botellas con mensajes a este mar embravecido que las devolvía al remitente sin respuesta. Esposas, maridos, hijos, suegras, padres, maestras, profesores gritaban furiosos contra esta irrupción en la jerarquía de la realidad, pero a nadie le importaba. El motín seguía su curso contra las órdenes de una autoridad desconocida, tan irreal como esta fantasía que ahora parecía todo menos ilusoria. Los que se quedaban en el muelle lanzaban amenazas que nadie oía a propósito de un viaje que quizás no tuviera futuro pero al que el presente bastaba y sobraba.
Cuando ya estábamos quién sabe dónde, a quién podía importarle, la banda dejó de tocar, empapados en sudor, escupitajos, vino barato. Una tregua para recapacitar, supusimos, un armisticio concedido a unas víctimas que ya no se creían tales. El conductor paró el ómnibus, el guarda nos miró con ojos indulgentes, esperando capturar el instante preciso del arrepentimiento y el retorno a la sensatez perdida, el rictus recuperado de los procedimientos avasallados. Entonces el micrófono nos escupió el 1,2,3, 4 y el ómnibus reanudó la marcha.

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Eros y Tanatos

 

– Empiece por contarme qué le preocupa, por favor…
– No sé exactamente qué me pasa, doctor. Siento que mi vida se escapa con rapidez y no sé qué debería hacer con ella, para qué vine, a dónde voy…
– ¿Y no se le ocurrió que si tiene tan poco tiempo debería hacer algo con él en lugar de plantearse estas preguntas?
– Pero, ¿qué hago? Además, siento una profunda hostilidad hacia todos, los odio, no consigo relacionarme con ellos, creo que quieren matarme y exhibirme, no sé…
– ¿Qué le hace pensar eso?
– Su mirada, por ejemplo.
– ¿Se siente amenazada en este momento?
– A decir verdad, sí.
– Pero si tiene tan poco tiempo como dice, ¿por qué le preocupa tanto cómo la ven los demás?
– Porque quieren poseerme, ¿no lo entiende? ¿Cómo puedo pensar en otra cosa cuando a cada instante estoy a punto de ser sacrificada?
– ¿Y esa idea de dónde proviene, si se puede saber?
– He visto lo que hacen con las de mi tipo.
– Dejemos de lado esa idea por un momento. Fuera de eso, ¿cómo cree que va a ser el final?
– ¿El final? Yendo hacia una luz enorme, muy caliente, a la que no puedo resistirme.
– Aha. Como yo cuando imagino ser lanzado a un pozo repleto de lesbianas…
– ¿¡Eh!?
– Nada, nada, siga, por favor…
– Debería agregar, esto es interesante, que como plantas vírgenes.
– Vírgenes, eh. Muy bien. Igual no sé qué tiene que ver.
– No sé, ud. es el analista. Y lo de las lesbianas no tenía nada que ver.
– ¿Ahora es experta en psicoanálisis?
– No, es que…
– ¿Y entonces por qué cuestiona mis métodos?
– No los cuestiono, es que tengo poco tiempo y ud. no me está ayudando.
– Ud. es un gusano.
– ¿Cómo dice?
– Que ud. es un gusano.
– No me ofenda, por favor.
– No se ofenda, es lo que creo.
– Vine en busca de ayuda.
– Sólo le digo la verdad. Ese es mi diagnóstico.
– ¿Le dice a sus pacientes que son gusanos? ¿Eso es un diagnóstico?
– En su caso, es así. No tengo dudas.
– ¿No me encuentra atractiva, acaso?
– Mucho. Pero en el fondo es un gusano. No sé cómo no lo descubrió por sí misma.
– ¿O sea que mis ideas sobre la muerte, la brevedad de la vida, la luz cegadora, etc. se deben, básicamente, a que soy un gusano?
– Evidentemente.
– Pero, ¿qué hago?
– Reprodúzcase.
– ¿Que me reproduzca? ¿En tan poco tiempo?
– ¿Y qué más puede hacer?
– Disculpe la indiscreción, pero, ¿ud no se hace estas preguntas?
– No, porque no soy un gusano. Pienso en el foso de lesbianas, quizás.
– ¡No soy un gusano!
– ¿Sabe algo de la vida de Vladimir Nabokov?
– ¡No! ¡No tengo tiempo para eso!
– ¿Y qué hace aquí, entonces?
– Espero que ud. me diga algo.
– Ya se lo dije. Ud. es un gusano. Ahora vaya y reprodúzcase, es todo lo que puedo aconsejarle. Y tenga cuidado con la lámpara que está a su derecha.
– ¿Ud. viviría su vida de esa forma?
– Quien llegó aquí buscando ayuda fue ud. Pero si le interesa, en su lugar y con las ideas que tiene, saltaría a un pozo de lesbianas sin dudarlo.
– ¡Dale con eso!
– Ud. preguntó.
– ¿Quiere decir que si tuviera ideas diferentes quizás habría otra salida?
– No sé. ¿Qué tan convencida está de sus ideas?
– Totalmente, doctor.
– Entonces no hay nada que hacer. Fíjese que para hacer terapia cognitiva o encarar otro enfoque clínico necesitamos un largo tiempo. Ud. dice que no tiene tiempo, que va a morir, que la van a poseer, que no se lanzaría a una piscina repleta de lesbianas. Es imposible ayudarla. Además es un gusano. Eso es un hecho.
– Entiendo. Me retiro, entonces.
Mariposas. Todas iguales. No quieren creer que son un gusano.

Por favor, mátame

 

Se conocieron haciendo pogo en un toque de Billy Dead, en La Teja. Él le clavó, por accidente, una púa de su muñequera en las venas y ella, que practicaba a diario la rutina, quedó flechada. Más bien fue apuñalada por un Cupido de cresta y tachas, con accesorios punzantes en lugar de flechas.

Desde ese momento fueron inseparables. Literalmente, ya que ella quedó ensartada en la muñequera y no se la pudo extirpar de su lado. A él no pareció molestarle demasiado, más allá de que ahora tenía que compartir el vino cortado en dosis iguales. Los cortes son cosa común entre punks y por eso hacen lo mismo con el vino, según dicen.

Pasaban juntos todo el día, no tenían más remedio que hacerlo, pero la relación, a pesar de los pronósticos de los amigos, se consolidó. A ella le gustaba ser una púa más de su muñequera y a él no le disgustaba el agregado, por lo que decidieron dar un paso más y unir sus alfileres de gancho. Un parche de Flema selló la alianza.

Poco tiempo después, consumaron la pareja al enganchar sus cadenas mediante el candado que colgaba de su cuello. De paso, le dieron un cadenazo a un skinhead que oficiaba de sacerdote, para no perder la costumbre y combatir al sistema.

Sus crestas empezaron a marchitarse con los años pero las siguieron regando con la constancia del albacea de cactus, evitando que la rutina redujera la cantidad de jabón que afluía a sus vistosos peinados.  Los alfileres de gancho comenzaron a ceder; las noches de Sangre de Verónika en La Barraca eran menos frecuentes y rara vez ponían un disco de Exploited para bailar acaramelados. Seguían escupiendo a los chetos, pero los pollos no salían de la profundidad del idilio adolescente sino de la práctica aprendida debidamente. El hacelo vos mismo era ahora más invitación a masturbarse que eslogan de combate. Así se fueron distanciando.

Hasta que llegó el día tan temido, cuando un patrullero pasó frente a ellos y ninguno de los dos atinó a tirarle una piedra. Ella supo que la crisis era inminente; él entendió que Ya no sos igual es una constatación existencial y no solo el track 15 de Valentín Alsina. Por fin, él dijo:

– Mi amor: lo nuestro no tiene futuro

– ¡Me hacés tan feliz!

Breve cronología de la crisis griega y sus antecedentes.

Si bien todos, sí todos, sabemos que la crisis mundial y su reflejo local, tal el caso de Grecia, se debe a la bancarrota de la acumulación del capital y al desarrollo de las contradicciones internas del mismo, a la onda larga de tonalidad recesiva instaurada desde la década del ’70, no podemos obviar los factores concretos que actúan en Atenas (y sus alrededores)

A pesar de que una periodización basada en la totalidad hegeliana y en el método dialéctico sea la forma científica de explicar este fenómeno, me reservo esa tarea para Tribuna de los Trabajadores o algún medio similar, y procedo a desentrañar la crisis a partir de manifestaciones empírico-históricas-positivistas accesibles a todo el público más o menos instruido mas no especialista. A por él, pues.

– La civilización minoica descubre el comercio. No se apresuren, insensatos, no se trata aún del comercio capitalista o siquiera del comercio de las ciudades-estado sino del intercambio simple, pero ojo, porque esto se pone espeso.

– Joyce escribe el Ulises, en el que se basa Homero para sus relatos La Ilíada y la Odisea. Odisea es cómo esta tremenda patraña fruto de la tradición oral se plasmó en el alfabeto fenicio. No sé mucho más al respecto.

– Platón funda la filosofía occidental bajo el gobierno de Pericles. Toda la filosofía posterior será una nota al pie de página de Platón, a decir de A.N. Whitehead, en tanto los deconstructivistas señalan este paso como el pecado original del racionalismo. Vaya uno a saber.

– Alejandro Magno (a quien Diógenes pidió que no le hiciera sombra, entre otras ofensas) conquista a los persas, pero esto no va a quedar así (tampoco la indisposición entre Diógenes y Alejandro)

– Los romanos hacen suyos a los griegos y los encajan… en el Imperio Bizantino. Esto no tiene ninguna influencia en la crisis, hasta donde yo sé.

– Desde el punto de vista económico, acá tratamos de la transición del esclavismo al feudalismo, la que prefiero abstenerme de abordar en este estudio. No se preocupen, aún no estamos ni cerca de la crisis.

– Hasta que Grecia se incorpora al Imperio Otomano no tengo la más puta idea de qué pasó. Calculo, o más bien espero, que no tenga mucho que ver con el asunto que tenemos entre manos. Manos, Otomanos, es todo lo mismo.

– Ya en el siglo XIX (acá transcurrieron unos 4 siglos de los que tampoco sé un pomo) Grecia se independiza gracias a Lord Byron. Sí, cayó en la lucha independentista helénica. Y cayó literalmente, ya que tengo entendido que murió al caer al mar Egeo el depravado, aunque dudo bastante de esta versión (¿se imaginan a canal 4 informando el hecho? El hecho es que yo sí. Helecho. Un jardín de helechos helénicos u otras plantas de esas que enviciaron al notable vate es lo que hubiera aparecido en la noticia de Telenoche, todo rodeado por la truculencia, la sordidez, la adicción y la sangre)

– Guerra en Europa. Después de la guerra (que no sé cómo se saldó para Grecia y no quiero investigar tampoco) estalló… estalló la guerra entre Turquía y Grecia, como era de esperarse.

– Dictadura. No hay mucho que agregar (bah, mucho que yo sepa, al menos)

–  Invasión alemana, Anschluss (bueno, estrictamente, no fue un Anschluss pero la palabra encara) seguida de las tensiones propias de la resistencia y la colaboración (ilustrado en el caso de “¿sale una moneda, amigo?”; si ud. colabora o se resiste, los resultados son totalmente antagónicos y aleatorios, o random)

– Acá viene el cataclismo más próximo que logro divisar, explicar y dominar conceptualemente con las herramientas que el marxismo ofrece: gracias a los acuerdos de Yalta, Grecia queda en manos de los aliados y Stalin ahoga la revolución incipiente.

– A causa de esto, Grecia, en lugar de tomar el camino glorioso del socialismo y la economía de transición, se une a la OTAN, la ONU, el FMI, la CIA, la NRA de Charlton Heston y yo qué sé cuánto organismo más de subordinación al imperialismo, al libre mercado y a las siglas de 3-4 letras.

– Y ahí sí les cayó el meteorito: en la década del ’80 lo encajan en la Unión Europea. Como vimos, venía del fascismo, la guerra civil, la monarquía y la recién proclamada república, por lo que muy católica en el plano económico (y en ningún otro, ni siquiera en filosofía presocrática) no estaba.

Es pobre, pobrísimo, no tiene industria, la productividad agrícola es más baja que Fermín y lo único que lo sostiene es la asistencia de la UE, el sistema financiero y la estafa consuetudinaria. A raíz de esto, la moneda fluctúa más que la carrera actoral de Robert Downey Jr. y la deuda crece más que la proporción de pasta base en el organismo de un plancha. La más mínima zozobra de la chalana puede arrojar al pueblo griego a las fauces de Poseidón (o del propio Hades) y eso es lo que ocurrió en este 2010.

Las divisas se esfuman más rápido que ninja en película clase B nipona, Grecia se declara en default y Alemania se apresta a cobrar venganza y negarle el peso-pa’-la-birra.

La muerte económica está más cerca que Lacalle de la botella de whisky y el buraco es más profundo que pozo séptico de gordo. El fin está más próximo que miope a material de lectura.

Manténganse sintonizados.

Aquí está su disco (de cola)

Y el disco está terminado. Es más, entre ayer y hoy escribí otros 6, pero no viene al caso.

El primer lanzamiento (a causa de la indigestión musical) se titula “Disco de cola” y se compone de remixes de canciones con referencias ferroviarias, aunque vale aclarar que son sólo 2 tracks repetidos unas 8 veces cada uno con nombres diferentes. Es más o menos lo que hacían los Ramones, si no lo advertiste nunca, e incluso en este caso la tarea se facilitó considerablemente ya que los engendros son totalmente instrumentales (palabra que, etimológicamente, parece significar algo así como “herramienta producto de la acción teleológica del hombre socialmente determinado” y encierra la concepción marxista de la historia –o materialismo histórico- en un solo vocablo, ¡notable! –cierro esta larga digresión lingüística-)

El último tema, además, se vale de un artificio matemático desarrollado por Dedekind y conocido como “inducción” que permite que se repita incesantemente hasta el hartazgo de manera por demás innecesaria. Pero en palabras del productor (aunque es una licencia muy grosera llamar de esa manera al falopero y borracho –parece la definición de Lacalle, pero juro que no es él- que hizo esa tarea –otra digresión gratuita, y van…-): “este tema encara los kilos” (en esto sí estamos de acuerdo)

Por último, recuerden que si creen que apesta mal, el vinilo tiene las características propias del disco de cola, tal su nombre, por lo que puede ser colgado en el último vagón de un 600 y enviado a Nico Pérez and beyond sin cargo (de conciencia)

En fin, el soundtrack del estío 2010 (odisea en las vías –título alternativo-) es:

Pasajero de un tren (Traidores)

Bundesbahn (plagio evidente del “Autobahn” de Kraftwerk, autores sí de Trans Europe Express)

– Crazy Train (Ozzy Osbourne)

– Engine Driver (The Decembrist -¿estos tipos son bolches o soy el único que relaciona “decembristas” a la revolución rusa? –háganmelo saber. Gracias-)

-Train I Ride (The Dead Milkmen)

-Train in Vain (The Clash)

-Blue Train (Johnny Cash)

– Drug Train (The Cramps)

– Train of consecuences (Megadeth)

 

Y como escribió Engels al pie de la última página del Libro III de “El Capital”: aquí se interrumpe el manuscrito.

Hitos de la cultura de Arteaga

1898: Tiene lugar el primer festival “Free Arteaga!” con la participación de Beastie Boys, Bad Religion, Rage Against the Machine y Horacio Guaraní, auspiciado por Coke Cola (H. Guaraní, no el festival)
1911: Se celebra el primer “Arteaga Rock”, vil excusa populista para mermar el poder de los cerdos de Cerro Colorado y promover nuestros intereses separatistas a través de la música y el alcohol.

1912: Nuestro pueblo estima con acierto la catástrofe que se avecina y de su profunda creatividad telúrica emerge, antes que en Europa, el expresionismo. Se disuelve de inmediato al constatar que Arteaga no tiene conciencia ni historia ni civilización ni ninguna de esas cosas que dan lugar a un movimiento artístico de vanguardia.

1935: Se publica la primera “Historia Oficial de Arteaga”, que comprende 3 páginas, 2 de las cuales son diatribas contra los cerdos pobladores de C.C.

Late 1935: Se publica la segunda edición de la “Historia…” (encargada a Gibbon) con las mismas 3 páginas, aunque se suprime el capítulo dedicado a Arteaga que es sustituido por más diatribas

1938: El notable artista Yeims Yois, oriundo de Arteaga, publica “Arteagos”, conjunto de relatos costumbristas altamente polémicos. La edición es incinerada. También YeimsYois.

1939: El Politburó sanciona la nueva política cultural. Se la conoce como “Realismo Arteago” y la primera obra que se inscribe en esta tradición lleva el nombre de The Waste Land, pero un juicio por plagio la convierte en “La Tierra Baldía” (!)

1944: Después de la Gran Guerra Patria contra los Mansavillagros, aliados de los cerdos por supuesto, se escribe la “Leyenda Patria”. Sí, se escribe dijimos. A raíz de este hecho, nuestro ejército toma el jocoso nombre de Amansavillagros.

1963: Una purga acaba con todos los representantes del “Realismo Arteago”. El sempiterno naturalismo pictórico es restaurado.

1978: Se organiza el evento anarcopunk “Holidays in Arteaga” que convoca a 2 asistentes y una banda. Los 2 asistentes eran miembros de la banda que, arruinados, se sentaron a un lado del escenario. La banda era Subhumans y el tema que desató la barbarie fue “Til The Pigs Come Round” dedicado a los hermanos de Cerro.

1980: El hastío posmoderno, el relativismo cultural, la deconstrucción derrido-heideggeriana y otras lacras similares se apoderan del arte arteago, hasta que un caudillo local proclama: “¡Basta de decontruir, es hora de contruir, carajo!” y todo vuelve a la monotonía habitual.

Hechos notables de Arteaga (I)

El Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio, Economía, Minería, Interior, Salud, Pesca del Surubí y Caza de Tatú Mulita de Arteaga y su excelentísimo titular, o sea yo, le invitan a conocer un poco más acerca de nuestra industriosa aunque poco desarrollada ciudad. En sucesivas entradas informaremos sobre nuestras actividades y costumbres.
Fechas Históricas:
17 de Abril: Día en que comenzó la ascensión del Gran Repecho Patrio escapando de una ofensiva de los antiguos habitantes locales, los tatú mulita.
25 de Mayo: Día en que se alcanzó la cumbre del Repecho, de unos 600 mts., gracias a nuestro amado estratega y líder. De allí se preparó la ofensiva que culminaría en nuestra independencia.
4 de Junio: Día en que, a pesar de haber capitulado ante el tatú mulita, concretamos un más que aceptable acuerdo que nos procuró nuestro actual territorio.
5 de Junio: Día en que se declara la independencia de todo opresor y se promulga la Constitución más liberal de su época, que solo excluye de la ciudadanía y priva de derechos al tatú mulita, negros, enanos, blancos, Martín Aquino, Tomás de Aquino, el clero, los militares, comunistas, anarquistas, fascistas y cerdos (acá están incluidos los naturales de Cerro Colorado).
8 de Agosto: Día en que llega el ferrocarril a la localidad. Una cruda batalla, guerra civil incluida, trae el caballo de acero a nuestro territorio, luego de arrebatárselo a los cerdos de Cerro Colorado, nuestro enemigo ancestral.
9 de Agosto: Día en que los cerdos de Cerro destruyen la vía 2 de nuestra estación, como puede apreciarse en la foto, llevando de este modo la prosperidad a su pueblo, ya que de ahora en más los trenes no harán cruces ni maniobras en nuestra parada, única fuente de provisiones de nuestros habitantes.