Yo fui al contra acto

Ayer, para cambiar la tradición de los anteriores 1 de mayo, decidí asistir al casi mítico y escasamente divulgado contra acto, ese en donde, según dicen, se oyen las insensateces más grandes y escasea en sentido común, el menos común(ista) de los sentidos.

Así que iba preparado para encontrarme con proclamas absurdas, discursos anacrónicos, habladores que no representan a nadie, en fin, un mundo bizarro dentro del sindicalismo ortodoxo. Y lo peor es que mis expectativas no  fueron defraudadas, todo lo contrario.

Entre los primeros oradores, me gustó ese que tuvo la osadía de sugerir que el salario mínimo debería elevarse hasta alcanzar los diez mil pesos, más o menos la cuarta parte de la canasta básica, lo que, supongo, ya que no lo dijo explícitamente, conduciría a una crisis de la rentabilidad del capital, y de ahí al socialismo, como quien dice, no hay más que un paso. Muy bien. Insistió con otras demandas anticapitalistas, como la ley de 8 horas para los trabajadores rurales y el baño para los mismos, y como vi que se trataba de un intransigente que en cualquier momento empezaba a fustigar la privatización de AFE, la salud, el cierre de PLUNA y eso, me fui a buscar una torta frita.

Cuando volví estaba atacando la política de desindustrialización y liberalización de la economía, la extranjerización de la tierra, el monocultivo, la exportación de bienes primarios, y me sentí tocado, esto es lo que vine a escuchar, carajo… en la década del ’90. Pero la culpa fue mía, no del orador incendiario, ya que supongo que esa fue la parte que me perdí mientras iba en busca del nutritivo pastel obrero. Al próximo se le salta la cadena, pensé, esto sí es un auténtico contra acto.

No puedo calcular cuánto tiempo me demandó dicha operación, pero estimo que fue bastante, puesto que me salteé por completo toda la parte dedicada a la crisis mundial, el derrumbe de la acumulación, la exportación de capitales especulativos en busca de la renta producida por las materias primas y el endeudamiento que conlleva mantener estable el peso para beneficiar a estos capitales. Pero es que, lo confieso, no sólo fui a comprar una torta frita, sino también un pastel de dulce de leche.

Como era de esperarse, el siguiente, que era el último, no tuvo ninguna contemplación al lanzar sus ataques. ¡Por este incluso habría sido justo cobrar entrada! Si habías ido allí, como yo, buscando lo contrario a tus ideas y prejuicios, el momento había llegado, por lo que si tu estómago aún no estaba satisfecho, más te valía ignorar sus lamentos y rugidos y abrir las esclusas del sistema auditivo.

¿El trabajo en el capitalismo es trabajo alienado que embrutece al obrero, obligado a vender su fuerza de trabajo al capitalista, que se apropia del excedente a cambio de un salario? Falso: “El problema es con los hábitos de trabajo, con altos índices de ausentismo, en algunos lugares con hasta un 30%”.

¿Pensabas que la lucha en el sistema capitalista es justamente por quién se apropia los resultados del aumento de la productividad del trabajo, o sea, el descenso del tiempo necesario por unidad producida? Falso de nuevo: “No quiero atorrantes en mi sindicato, no quiero lúmpenes, eso es ser junta-voto. Quiero laburantes. El mejor sindicato no es el que más huelgas hace, es el que mejor laburantes tiene abajo.”

¿Pensabas que la reducción de la jornada laboral es una necesidad histórica y que el proletariado tiene derecho a acceder a la cultura y al ocio en lugar de regalar su vida, en forma de tiempo de trabajo excedente, para aumentar la ganancia del capital? Iluso: “Que haya valores de ausentismo como los que denuncia Read afectan la productividad y que un sindicato se pare a decir eso es muy fuerte. Con alto ausentismo disminuye la productividad. Creo que eso es lo que hay que resaltar”, dijo Loustanou a El País.

¿Creías, como dice Marx en los Grundrisse, que “el tiempo libre de una clase se crea convirtiendo en tiempo de trabajo toda la vida de las masas”? Andá a laburar, atorrante.

¿O que: “La gradual reducción de la jornada de trabajo y el aumento del tiempo libre de los trabajadores constituyen una de las condiciones más importantes para el tránsito al comunismo, a la sociedad en que la medida de la riqueza no será ya el tiempo de trabajo, sino el tiempo libre”? Andá a laburar, atorrante. Es más, ¿qué hacés leyendo a Marx cuando tendrías que estar laburando, eh? ¿Lo qué? ¿Primero de Mayo? Arrancá, acá no queremos vagos.

¿No habrá alguna relación entre ese 70% de sueldos de menos de 10.000 pesos, el empleo precario, de baja calificación, en los servicios y el sector productor de materias primas, con la desmoralización y la falta de incentivos, como se dice acá: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=167627? Nah, es que son vagos y lúmpenes, nomás.

Como yapa, si ud. tiene un estómago con consciencia de clase pero cayó en el engaño de consumir la torta frita y el pastelito, sepa que en algún momento va a sonar el himno. Sí, en serio, el himno en un acto de los trabajadores. Llévese la bolsita para lanzar porque no se consigue en la plaza. Si esto es lucha de clases, la patronal nos está haciendo calzón chino.

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