El fin del mundo no huele bien

Acaba de tener lugar, sin ninguna consecuencia como era previsible, una nueva interpelación al ministro del Interior, Eduardo Bonomi. Otra oportunidad perdida para averiguar la verdad, otra oportunidad que pasa de largo sin que nadie haga las preguntas pertinentes, las que nadie quiere responder.

Por mi parte, mientras veo ass-ombrado cómo desfilan por todos los medios los propagandistas del fenómeno Maya, como hoy mismo volvió a ocurrir, no puedo dejar de interrogarme sobre la financiación de estas organizaciones, quién tiene un interés tan persistente en la difusión de pseudo explicaciones de este tipo. Seguramente, no son los propios May-ass, cuya capacidad de hacer lobby es similar a la de mi vecino Carlos, contrabandista de gas oil paraguayo, en la OPEP.

¿Acaso no es oportuno preguntarse de qué manera desembarca, de buenas a primeras, un desconocido de dudosa reputación, graduado en ciencias nigromantes, afroumbandas, alquila un centro de conferencias, coloca publicidad en todos los canales disponibles y consigue minutos y espacios en los principales medios sin ninguna dificultad? Intente hacer lo mismo para dar una charla acerca de la crisis del capitalismo, de la lucha de clases como motor de la historia, patrocinada por la IV Internacional,  y vea qué sucede. ¿O será que, de hecho, la explicación de los May-ass es más plausible que la otra?

Yo no tengo respuestas a estas preguntas, quizá alguna conjetura no mucho mejor que la de la vida en Ganímedes, sólo siento el olor y no veo la meada, ni el gato, pero sospecho que ambos deben existir. ¿O hay alguna hipótesis maya para el hedor inmotivado, también? Lo ignoro.

Sin embargo, creo que el Ministro Bonomi no lo ignora. Sus manos están manchadas, meadas por el gato de la falsa consciencia; puede percibirse en sus propias palabras el mismo mecanismo que opera en el caso indígena. Yo veo una analogía aquí: sus explicaciones recurren a agentes externos, al narcotráfico, a la “favelización”, a la cultura carcelaria, etc.; no me sorprendería que, de repente, sin cambiar el registro de su discurso, argumentara que la inseguridad procede del cementerio charrúa ubicado debajo del Comcar, y que la solución consiste en contactar a Rivera a través del juego de la copa, previa junta de firmas y plebiscito convocado por Vamos Uruguay.

Pero también pienso que estas pueden ser especulaciones infundadas, y que la cosa puede ser más sencilla: en ambos casos se ofrecen respuestas fáciles a problemas complejos, y ese es el motivo por el que reciben más atención. ¿O es que no se aplican a esta misma duda de segundo grado los razonamientos anteriores?

Si es así, si este planteo también está sujeto a suspicacias, quedo a las órdenes de quienes lo promuevan y escucho ofertas para propagar su punto de vista. Gracias.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s