Vayan pelando las chauchas

Vayan pelando las chauchas
Donde juega la celeste
Todo el mundo boca abajo

Nos podrán tachar de troskos, anarcos, traidores, cipayos, vendepatria, nigromantes, sarracenos, comunistas trasnochados y telenochizados, tirabombas, teletubbies políticos, etc., pero si de algo no se puede acusar a los redactores de El Pozo Escéptico (léase yo) es de indiferencia hacia los problemas de la seguridad y los intereses de la patria. O sea, seremos lo que quieran, pero siempre aportamos argumentos sólidamente fundamentados para contribuir al debate de estos temas.
Y todo esto que parece, y lo es, una apertura de paraguas prematura, viene a propósito del asunto que vamos a discutir a continuación: el delicado caso del joven haitiano violado por las Fuerzas de Paz Gay de la ONU, o los efectivos destinados por nuestro país a la misma.
“Vergüenza”, “mala imagen”, “indignante”, son algunas de las previsibles reacciones de los orgullosos ciudadanos uruguayos ante el escándalo. Hasta ayer nomás éramos los campeones de América; hoy somos los violadores de negros. Obama de inmediato rechaza recibir a Mujica tras haber confirmado la reunión días atrás: teme ser vejado por la delegación oriental. Los indios de Aratirí huyen por la misma razón y nos privan de 3.000 millones de dólares y otros tantos dioses que prometían traer; en Europa comienzan a mirar distinto a los futbolistas uruguayos de color, cuya entrega parece ahora encontrar su explicación.
El Ministro de Defensa y los mandos del ejército aseguran que se trató de una broma; si es así, en este país somos Buster Keaton, porque entre 1973 y 1984 (por no remontarnos más atrás) esto era un parque de diversiones. Somos las más locas de América. En los asentamientos, por otra parte, gracias a una policía entrenada en los mismos principios lúdicos, las fuerzas del orden confraternizan en rondas de juego con sus paisanos menos favorecidos, y en virtud de esta teoría, podemos decir que Bordaberry es Piñón Fijo y Telenoche Cacho Bochinche.
De modo que nuestros artistas camuflados estarían haciendo en Haití lo que los integrantes de Decalegrón hicieran en Argentina treinta años antes: exportar nuestro uruguayísimo sentido humor para regocijo de otros pueblos menos ocurrentes.
No niego que esta explicación sea satisfactoria, no tengo ningún problema en abrazarla como Fernández Huidobro a sus torturadores (o compañeros de juego, en su opinión) pero me preocupa esa masa escéptica de inconformistas que continúa rechazando lo sucedido por empañar la imagen intachable de la nación. ¿Qué les pasa?
Yo pregunto, desde mi sarracena y cipaya ignorancia: ¿Qué clase de patriotas son esos que toman a discreción lo que consideran virtudes para exaltarlas y excluyen otras características no menos relevantes del carácter nacional? ¡Así no vale! El mate es Uruguay; la tortura no. La tolerancia es Uruguay; el racismo no (esto lo suelen decir señoras mayores, blancas y de clase media-alta con un cono en la cabeza, no los negros, ciertamente). El fútbol es Uruguay; el tiro al blanco (o más bien negro) con civiles indefensos, no. Así es muy fácil, hasta un anarco es patriota si puede elegir lo que le gusta y negar todo lo demás.
Pero recordemos que por cada Felisberto que dio Uruguay, dio diez Benedettis; por cada Fernando Cabrera, veinte “Fatas” Delgado; por cada Eleuterio bien macho, varios miles de Dany Umpis, que prefieren lustrar el sable en lugar de blandirlo contra el pueblo invadido, como en Haití.
Entonces te digo, a ti, querido hermano oriental y artiguista, que tu patriotismo hipócrita, amanerado, de salón de té, es la única vergüenza que destila todo este episodio; a ti que te sonrojas con el video de nuestros nobles defensores de la soberanía cumpliendo su deber, eres tú, lacra inmunda, quien pone, con sus delicados prejuicios, palos en la rueda del progreso nacional.
Tú no amas a tu patria, ni a tu bandera, ni a Artigas, ni a tus Fuerzas Armadas; amas tus escrúpulos más que ninguna otra cosa. Tú no eres uruguayo porque eres incapaz de gritar con auténtico orgullo: “¡Sí, esos son MIS cascos rosados, esa que le están metiendo en el culo es MI bandera, y ese que los defiende es MI Ministro de Defensa!”
Ni fachos como la gente se consigue en este país, carajo.

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