Reflexiones sobre la publicidad estatal, la inseguridad y los medios de comunicación

Siendo esta una preocupación legítima del presidente, a la que me adhiero como abrojo a la lana, me permito discrepar en todo lo demás con el abuelo pitufo que dirige esta Pitufolandia creada por Gran Bretaña. O sea, en mi opinión, le volvió a errar al bizcochazo.
El anciano razonó de la siguiente manera: la publicidad de las empresas públicas se dirige a los medios de mayor audiencia; los medios de mayor audiencia promueven la teletubización del público a través de una presentación sesgada de la información policial, volviéndolos votantes de Pedro; la publicidad estatal tiene el paradójico resultado de atentar contra el Gobierno. Es un razonamiento lineal, cuya consecuencia sería el recorte de la publicidad estatal en esos medios. Muy simple.
Pero los medios de comunicación de mayor audiencia también venden celulares gracias a la teletubización del público, un resultado muy deseable ya que la empresa telefónica pública compite con los operadores privados en esa área. ¿Entonces? Si cedemos el espacio a los operadores privados, piratas transnacionales, sus celulares terminarán por desplazar a los nuestros, patrióticos y orientales instrumentos de comunicación y liberación nacional. El chancho o los 5 riales. ¿”Riales” dijo? ¡Allí está la solución!
El problema radica en que la publicidad oficial no sigue la ley fundamental del marketing: orientarse hacia sus potenciales consumidores. Un celular de Ancel junto al rapiñero del Abitab suena tan mal como un ringtone de Napalm Death, de modo que el cliente potencial es indiferente al mensaje. Mi propuesta es tan simple como la del abuelo pitufo, pero apuntada, cual escopeta de caño recortado de un menor fugado del INAU, al lugar adecuado: la seguridad.
La idea es diametralmente opuesta a la del presidente: en lugar de retirar la publicidad oficial, dirigirla en el sentido de la corriente; en lugar de promocionar el telefonito, la pavadita, vender servicios necrológicos, con los que el Estado ya cuenta: lugares privilegiados en cementerios municipales para víctimas de la inseguridad, coches fúnebres especiales (¿por qué no una carroza fúnebre azul y blanca con sirena, para reclamar justicia junto con la procesión?), etc. (descarto la venta del gas militar que revive a los muertos en Return of the living dead, ya que incluso si el ejército dispusiera de él, no creo prudente su uso por razones de holocausto zombie, entre otras)
Pero alguno objetará: “sí, eso está muy bien, el Estado tiene servicios de seguridad que vender, pero ¿y los celulares? ¿Quedan a cargo de los piratas transnacionales?” No, en absoluto; por ejemplo, podría privilegiarse a sus usuarios ofreciendo un número especial para emergencias: a diferencia del poco práctico 999 (“London is burning, dial 999!” cantaban proféticamente los Clash… nada, una digresión) los clientes de Ancel podrían acceder a la cana con sólo discar el 9. ¿Quién se opondría? Al pirata transnacional lo asaltarían ferozmente mientras disca todos esos números, sin embargo, ud., cliente preferencial, con sólo digitar un número, tendría al Ministro Bonomi, una cámara de Telenoche, dos helicópteros y un pterodáctilo (o peterodáctilo) policiales, además de 27 efectivos del grupo GEO al instante.
¿Y los canales privados, por fin? ¿Recuerda cuando hablé de Rial más arriba? Bien, los informativos terminarían el proceso que ya han comenzado, fusionándose con los programas de chimentos; en este nuevo formato, las estrellas de la inseguridad serían las figuras mediáticas.
Telenoche, siempre pionero en estos temas, ya ha aplicado con éxito la nueva modalidad en sus últimas ediciones, donde se pudo ver a Cris Namús, la senadora Alonso y García Pintos (este en realidad agredió a un menor, a la inversa de los otros; no sé si cuenta o más bien se trata de un caso de “hombre muerde perro”) exhibiendo los resultados de la política tupamara de amparo al pichaje.
Un juego en el que todos ganan.
Los interesados, contactar con el Departamento de Relaciones Públicas del Pozo Escéptico, sito en Pasaje 22 metros 15 centímetros, barrio Forty weeks, de 2 a 5 A.M.

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