Cuando llegue tu hora

Por fin me decidí a hacerlo. Lo odio, lo odio desde siempre; no me engaña con su falsa apariencia, yo sé bien lo que esconde debajo de ella y sé que lo que voy a hacer es justo. Algunos lo van entender, puede que otros no, pero él y yo sabemos que es necesario que suceda y que tarde o temprano iba a pasar de todos modos. Él lo entiende mejor que yo. Sabe que juega y los demás aceptan las reglas, o no, ignoran que para él es un juego y ellos participan como extras; no, no deben saberlo porque si no alguien ya habría hecho lo que yo voy a hacer. Puede escapar de cualquiera pero no de mí, y por esa razón soy yo quien va a matarlo. Supongo que está enterado, pero no me importa porque eso no lo va a ayudar a evitarlo, nada puede ayudarlo ahora que decidí acabar con él. Farsante. Escoria. Te gustaría esconderte como siempre, refugiarte, dejar que las cosas pasen mientras vos te quedás al margen con tu postura indiferente, al que nada lo afecta, el tipo perfectamente razonable capaz de evaluar todo desde una distancia crítica envidiable. Ellos piensan que eso es algo muy bueno, que demostrás un aplomo que ya ellos quisieran tener, qué valentía, sí, qué imparcialidad; vos y yo sabemos que no es cierto, que tenés más miedo que ellos y que tomás distancia para estar seguro y que si pudieras alejarte por completo lo harías y no quedaría ni vestigio de la capacidad crítica, porque en realidad no se trata de eso, se trata de no tomar partido. Ahora te vas a involucrar a pesar tuyo, porque yo tengo esta pistola y esta bala para interpelarte, para que por una única vez quedes bajo el foco y no puedas escapar a la atención; yo me voy a encargar de eso. Es irónico, jugaste tanto tiempo a las escondidas que cuando te encontraron ya no quedaba nadie y la pared se había derrumbado. ¿Los escuchaste contar hasta cifras millonarias mientras vos permanecías oculto o te olvidaste que te estaban buscando? ¿No se te ocurrió que al menos uno, yo, te iba a encontrar a la larga y que ibas a tener que dar explicaciones cuando llegara ese momento? Ahora ya no vas a tener ni siquiera esa posibilidad, primero porque conmigo eso es innecesario, y segundo, porque a mí no me importa lo que tengas que decir en tu defensa. Yo te conozco y no quiero escucharte; tuve demasiado tiempo para eso y todo lo que oí fueron mentiras, excusas, sonidos para justificar la cobardía; esta vez vas a quedar expuesto y no vas a tener oportunidad de recurrir a las palabras de siempre. El único ruido que vas a escuchar es el que cancela todos los demás, la cerradura del tiempo, el minuto cero de la eternidad. Vení, acompañame, vamos a dar un paseo. No hables. Vamos a sentarnos en aquel muro, frente al río, lejos de la gente. Sé que te gusta este lugar, que te gusta sentarte acá tardes enteras en silencio, y eso es lo que quiero que hagas ahora, que te calles y mires las olas, huelas el agua salada, mientras yo saco lentamente el revólver, cargo una bala, lo gatillo y apoyo el frío caño en mi sien.

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Un pensamiento en “Cuando llegue tu hora

  1. Es interesante el contraste entre la historia, y la publicidad de “Vivere” con el “chuavechito” que gentilmente google ha colocado…

    En cualquier caso, muy bueno el relato.

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