Un festín bestial

El restaurante de Raúl era perfectamente legal, y la circunstancia de que su esposa no fuera admitida en él ni tuviera participación en el negocio no respondía a ningún engaño premeditado; simplemente, Raúl juzgaba que la cocción de bebés humanos era motivo suficiente para mantenerla alejada. Las mujeres son algo sensibles con esas cosas. Si bien al principio este hecho le ganó algunas críticas y miradas reprobatorias entre sus vecinos, pronto las delicias que salían de su cocina se impusieron a los detractores y obturaron toda posible censura por parte aquellos, amén de la presencia habitual de Parrado y Canessa que corroboraba la eminencia del bufé. Los placeres exóticos, es sabido, duplican su excelencia una vez son vencidos los prejuicios que los obstruyen.

El prestigio del establecimiento creció con la variación de las recetas, todas basadas en el componente mencionado, el tierno humano recién producido, ocasionalmente servido en su propio recipiente, la embarazada. El suministro se lograba a partir de diversas fuentes, ya que no creo necesario mencionar que los bebés se crean en abundancia permanentemente de manera más o menos similar. La procedencia despertó sospechas en un solo caso, pero la investigación fue cancelada tras una cena de camaradería que reunió a las autoridades locales, en la que se sirvió uno de los manjares más soberbios que haya ofrecido la cocina de Raúl. De ahí en más todo marchó con la suavidad de un recién nacido colocado en una bandeja enmantecada a 350 grados centígrados. Es asombroso lo que puede lograr el halago de un paladar refinado; es asombroso descubrir cuánta crapulez puede alojar un retazo concreto de felicidad.

El negocio prosperó con tal celeridad que Raúl entendió necesario asociarse con un distribuidor de niños discapacitados procedentes de la fundación Teletonto, cuya ausencia del centro solía atribuirse a pequeñas faltas administrativas que en nada empañaban la excelente reputación de la institución, en tanto el dinero continuara fluyendo anualmente del modo acostumbrado. Es más, se consideró esta una afortunada dádiva que permitía realizar una distribución más justa de los recursos entre los patrocinadores de la fundación. La única contrariedad apreciable se encontraba en el otro extremo: algunos clientes se veían privados de ciertas porciones por razones evidentes, y debía recurrirse a dos bebés para suplir la carencia en casos así. La contrapartida obvia de estos ejemplares eran las características únicas que presentaban algunos de ellos: piernas o brazos en exceso, quizá órganos duplicados, que compensaban las pérdidas de los individuos malogrados.

La carta no se limitaba a la carne aunque este era su fuerte; ensaladas en las que proliferaban ingredientes inusuales, todos de procedencia humana, guarniciones imprevistas del mismo origen, condimentos desacostumbrados y bebidas donde predominaban los fluidos corporales eran complementos destacados. El esmero con que se los elaboraba y la calidad lograda suprimían cualquier comentario de desaprobación; a los pocos críticos se les recordaba su propia dieta en la que prevalecían los seres vivos masacrados por procedimientos más crueles que los de Raúl (que no era ningún mojigato en este terreno, tampoco).

Pero, cuando nació su hijo, los sentimientos antropófagos de Raúl se atenuaron, para asombro de sus clientes, que vieron cómo el tofu y la soja ocupaban el lugar que hasta poco antes pertenecía a los niños en la mesa (o sea, sobre ella, en las fuentes y platos). El comerciante hizo una campaña para promover los nuevos gustos, pero fracasó por la misma razón por la que antes consiguiera un éxito notable: nada puede comprarse al sabor de un bebé rozagante cocido en sus propios jugos. El restaurante declinó; la asistencia, que hasta el día anterior llegaba en hordas vikingas, se alejó como aquellos tras incendiar la aldea; los poderes que ayer lo amparaban comenzaron a perseguirlo por los presuntos crímenes cometidos (servir vegetales); la sociedad con la Teletonto llegó a su fin; por último, quebró y llegó la hora de cerrar hundido en el desprecio de sus paisanos.

Decidió dejar el pueblo probando a sus habitantes que habían cometido un error, y para ello organizó una cena como jamás habían conocido, en la que sólo se servirían deliciosos platos veganos. Con la presencia de todos los pobladores, entre miradas suspicaces que circulaban como las bandejas entre los comensales, la fiesta, como un pastel de zuccini de dos días, comenzó a marchitarse con la comprobación de un nuevo fracaso culinario. Raúl los insultó por dentro pero no estaba dispuesto a concederles el placer de verlo derrotado en el momento de partir; el único gusto que iba a darles era el del mayor placer gastronómico que hubieran conocido; les haría probar la traición, degustar la hipocresía con que lo habían condenado. Pidió permiso y se retiró a la cocina. Los invitados lo esperaban perplejos, todos en sus lugares, susurrando y riendo por lo bajo. Un rato después emergió Raúl cargando una fuente en la mano derecha. La depositó sin decir una palabra y esperó que alguien se sirviera, pero nadie lo hizo. Entonces cortó una porción y la colocó en el plato del Alcalde. Reticente, este probó un bocado, resignado a toparse con otra receta de legumbres insípidas, pero para conmoción de los demás, siguió comiendo con fruición bestial, incitándolos a imitarlo. La esposa de chef tampoco fue ajena a este viraje y se lanzó sobre la comida con apremio salvaje; no se arrepintió. Animado por la curiosidad unánime, Raúl reveló el macabro secreto: había cocinado a su hijo recién nacido. El rostro lívido de su mujer concentró la atención de todos; ella sólo pidió otra porción y reanudó la degustación con comprensible frenesí.

Anuncios

2 pensamientos en “Un festín bestial

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s