Maicol Darkthrone, amo de las tinieblas

Maldito el día (nunca mejor dicho) que se me ocurrió formar una banda de black metal en Oslo. Resulta que había ido a Noruega como estudiante de intercambio de la Universidad Anton LaVey de esa ciudad; mi lugar en casa lo ocupó Varg, quien en el breve diálogo que mantuvimos antes de que partiera me dijo (en noruego, idioma que yo dominaba parcialmente como requisito de la beca): “Allá mariconadas como esas que hacés acá de escuchar a Los Fatales (sick!) y esas manos no corren. Cambiate la ropa. Escuchá estos discos. Tené cuidado”. A mi vez, le expliqué que sus costumbres también podían ser mal vistas acá y que anduviera con precaución: “No pises pollitos. No invoques al demonio a cada paso. No profanes tumbas. No quemes iglesias, especialmente a Fabián Iglesias. Y por lo que más quieras, ¡no mates a mis viej…!” Pero esta última advertencia no me pareció tan importante y la suprimí; con que Varg recordara las demás era suficiente.
Llegué a Noruega en medio de una tormenta Hellida que azotaba la capital. La familia de Varg fue a recibirme al aeropuerto entusiasmada, hasta que vieron mis ropas de cumbiero y huyeron en la dirección opuesta, invocando al diablo. Varg me había prevenido. Las autoridades, con sus uniformes negros con tachas de rigor, me arrestaron y condujeron a un lugar de detención en el aeropuerto. Tras aclarar que era estudiante de la carrera de antiteología en la universidad y que no pretendía ofender a su pueblo me liberaron, no sin antes vestirme de manera apropiada y adosarme un crucifijo invertido al cuello. Corrí a casa de los Vikernes algo asustado y esta vez sí me recibieron, previa revisación de mi maleta y descarte de libros y CD prohibidos (además del poster del “Fata” Delgado que censuraron por herético y quemaron en una hoguera oscura de maldad y tinieblas infinitas, según sus palabras)
Habían acondicionado muy amablemente un cuarto para mí. Por desgracia no pude verlo ya que las paredes estaban pintadas de negro, como todo lo demás en la casa: sábanas negras, espejos negros, vajilla negra, hermano negr… no, no, la hermana de Varg era rubia y extremadamente blanca, salvo cuando estaba cubierta por las cenizas de la última iglesia incendiada. Me acostumbré pronto a este reino de la oscuridad, puesto que se parecía a la casa de mi tío Carlos en Barros Bla… Negros, Barros Negros es donde vive el tío. Son medio umbandas también, yo qué sé, no entiendo mucho de eso. Sé que encanutan cosas de noche y por eso no prenden una luz ni que les paguen. De pronto mi familia era black metal y yo no lo sabía. En fin.
En los estudios me iba excelente: aprobé Satanismo I con 10, Luciferismo II con 9 y Dibujo (del pentagrama) con 10. En casa todo iba fenómeno; según mis viejos, Varg era atento y educado, a pesar de que todos los pollitos del barrio habían desaparecido y la señora Hortensia, que era católica y bastante hinchapelotas con eso, había muerto súbitamente por causas desconocidas. Ah, mi perro “Bola 8” también se había extraviado. Varg era tan respetuoso que usaba su cadena y collar desde la desaparición de “Bola 8”. Esa fue la última vez que supe de mis padres; la siguiente vez que llamé a casa, una voz sepulcral en el contestador me informó que ellos no podían ni podrían atenderme en mucho tiempo. Ya los vería a mi regreso.
Mientras prosperaba en los estudios empecé a salir con los amigos de Helvete, la hermana de Varg. Ellos tenían una banda y me enseñaban extracurricularmente los rudimentos de su música y forma de vida. Yo traté de explicarles cómo era mi vida en Montevideo, yendo al Inter, quebrando todos los fines de semana, encarando minas cuyo patrón de medida era la cantidad de piezas dentales, cantándole a la tanga, etc. Me repudiaron por ello y tuve que hacer lo propio. Debí execrar a mis antiguos amigos y quemar una iglesia que se parecía al Inter como testimonio simbólico de mi paso al reino de las sombras. Ahora quebraba con Mayhem y la única tanga que veía era la de Euronymous en la tapa del disco De Mysteriis Dom Sathanas, en la edición Sudamericana, claro. Pero me cabía el metal extremo y me adapté rápidamente.
Empezamos a hacer muchas fechas con la banda, y lo que en principio era un hobby se convirtió en mi carrera. Todavía no tocábamos música, hablo de fechas de exhumación de cadáveres, blasfemia eclesiástica, discriminación racial y sexual, etc. Después vino la música, ¡y qué música! Nos volvimos muy exitosos, sobre todo con temas como Yo como niños (compuesto por un servidor) Yo como niños y después los vomito (escrito por Helvete) y Yo como niños y los vomito sobre la Biblia antes de quemarla, putos (escrito por el bajista) Grabamos nuestro primer disco, Pateándole los huevos a Dios (el nombre lo sugerí yo; me recordaba vagamente a la cumbia villera satánica y sentí nostalgia) e incluía, además de las composiciones antedichas, éxitos de los charts como Fumando los huesos de Jesús usando el Santo Sudario como chalaEl Asado de viernes santo; Todas las embarazadas van al Infierno excepto aquellas que engendran los hijos de Satán, que van al cielo y lo queman, El Aborto de MaríaEl amor es hermoso, sobre todo cuando estás colgado de los huevos en una mazmorra medieval y de él nacen bebés que son aplastados con un martillo por Satán (una balada que nos pasó el batero de Mayhem)
De inmediato crecimos en el Inner Circle y agrandamos su circunferencia, tanto que algunos comentaban que por allí podía pasar Satán cuando viniera a comerse a los bebés cristianos. Nos volvimos muy populares, vendimos millones de discos, quemamos miles de iglesias, matamos quién sabe cuántos homosexuales, alcanzamos la cima del black metal. Ojalá mis viejos pudieran verme ahora y sentirse orgullosos de su hijo, pensaba; el Maicol, el plancha, el falopero que hablaba de Dios cada vez que le pegaba mal la lata, cada vez que se rescataba yendo a la fundación Remar para consagrarse a Cristo. Ya no necesitaba nada de eso, Satán era la respuesta y estuvo allí todo el tiempo, frente a mí, o debajo de mí, no sé dónde está en realidad. Pero mis viejos no podían verlo porque estaban ocupados con Varg o porque este les había arrancado los ojos, vaya uno a saber.
Bajo mi seudónimo de Maicol Darkthrone conquisté el metal escandinavo. Era su amo; podía mandarlos a quemar el Clara Jackson en Montevideo y violar a todos los niños que los curas no hubieran violado antes, o demoler el Pereira Rossell y aplastar a los niños sobrevivientes como ratas, o demoler el Clara Jackson y abusar de las enfermeras del Pereira, no sé, lo que quisiera y les ordenara lo harían, porque era el Sumo Pontífice de lo diabólico, como Cotugno invert… bah, era igual a Cotugno en una palabra. Y con todo ese poder maligno a mi disposición, me estrellé. Un juez presentó una denuncia contra nosotros. Mensajes ocultos en nuestras grabaciones, sí. Fuimos ante el tribunal. Yo estaba dispuesto a defender nuestra música como Rob Halford cuando enfrentó los mismos cargos. Como él, me vestí de traje, enderecé la cruz que colgaba de mi cuello, enderecé mi propio cuello que giraba como el de Linda Blair, me lavé el maquillaje satanista, en fin, me corregí, renegué de mi Amo.
Era obvio, estaba en Noruega, ¿cómo pude cometer semejante error? La denuncia era por presuntos mensajes cristianos en nuestra música. Mi aspecto me incriminaba más que cualquier otra cosa, y el juez ni siquiera consideró las pruebas. Hoy estoy internado en la fundación Remar Contra Corriente para satanistas que abandonaron el camino del Señor de las Tinieblas.

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