Izquierda y derecha

El guante de la mano derecha no sirve para la izquierda, por muy idénticas que se supongan ambas manos (I. Kant, Estética Trascendental)

Nos sentamos en la mesa de un bar a pesar de nuestras diferencias. De inmediato el mozo nos invitó a ocupar las sillas y desocupar la mesa, lugar inconveniente para sentarse de acuerdo al profesional del mobiliario gastronómico. Pedimos dos copas de grappa. El interpelado nos dijo que tenía sólo de vidrio y nos ofreció llenarlas de grappa si gustábamos. Aprobamos la oportuna sugerencia y nos dispusimos a dirimir el asunto que nos ocupaba, cual masa laboral en conflicto.
-Escuchame: la derecha es la que históricamente ha creado las cosas importantes y duraderas. Esto nadie lo puede negar…
-Discrepo. La izquierda, siendo minoritaria, protagonizó algunos de los mayores avances de la humanidad y eso todos lo reconocen.
Así abrimos la discusión. La grappa se posó sobre la mesa separando los bandos como dos pequeños oasis que dividen sendos califatos desérticos.
-La derecha abre puertas. Señala caminos. Indica destinos. La izquierda desvía, confunde, entrevera, deshace lo que la derecha con tanto esfuerzo construye.
-No estoy de acuerdo, y me atrevería a decir que ocurre todo lo contrario, pero en aras de alcanzar un entendimiento, diría que se complementan y se necesitan mutuamente.
-Si una de ellas tiene el poder, y es la derecha como yo sostengo, la otra o es accesoria o es directamente un obstáculo. No admito otra postura.
-Deberíamos verlo más bien de este modo: aunque en determinado momento una de ellas tenga el poder, para tirar del carro y moverlo necesita de la otra, no puede hacerlo sin ella.
-O sea que aceptás que una domina y la otra se somete…
-…pero se complementan.
Nos dimos una tregua para apurar esas grappas que pondrían en marcha otros mecanismos quizás menos sutiles de argumentación. Quizá incluso ni siquiera de argumentación. El mozo escuchaba atento la charla. No la nuestra sino la de nuestros vecinos, infinitamente más interesante que la nuestra.
-La derecha… ¿cómo decirlo? Agarra y sostiene la estructura, la afirma. La izquierda la desestabiliza. No hay colaboración posible cuando el antagonismo es irreconciliable.
-Si eso es cierto, la derecha demostró su incapacidad para conseguir esa estabilidad de la que hablás, porque no podés negar que la derecha ha dejado caer las cosas en tantas oportunidades como las aguantó. Y más de una vez lo hizo gracias a la colaboración de la izquierda.
El mozo se inclinaba sobre una y otra mesa alternativamente, con el movimiento de vaivén de un árbol azotado por la tormenta, en este caso un árbol provisto de surtidor para abastecer las copas ante la menor pérdida de caudal. Pensé pedirle su opinión; el tema lo tocaba también, a su manera, pero tenía pocas hileras levantadas como para agregar un ladrillo tan frágil. Mejor que hiciera girar esa bandeja, cual negro rapper en un sótano de Brooklyn.
-Derecha e izquierda, contrarios dialécticos, alimentándose una a la otra como el ave al pichón…
-… que cuando crece se come a su progenitor.
-No se come al progenitor, ignorante. Y no lo hace porque no puede vivir sin él, aunque no sea por motivos altruistas.
-Pero entonces una lleva una vida de parásito. Es lo que dije antes.
-No es un parásito puesto que es igual de necesario para el otro.
-O será que le hace creer eso…
A medida que consumíamos los vasos con cada vez más apremio y menos sensatez, el mozo se transformaba en un helicóptero cuyas aspas alojaban depósitos de alcohol que descargaba puntualmente en el objetivo. Como todo buen recipiente, entregaba tanto como mantenía. Y el mozo empezaba a girar con independencia del entorno.
-Las grandes obras de arte han sido escritas por la derecha, además.
-Porque es mayoría, nada más. Pura cuestión de número.
-Si la mayoría logra eso, hay que celebrar. ¿Qué queda para la izquierda?
-Más escaso, más valioso.
El mozo asintió mientras daba un trago a un licor que tenía encanutado, correlato de la afirmación anterior. El alcohol estaba tan instalado en nosotros como Windows en la computadora personal, dejando poco margen al diálogo fundamentado.
-La derecha…-comenzó la frase mi interlocutor, pero una izquierda perfecta al mentón estableció cuál es la mano más eficaz de las dos, mientras el mozo desparramaba la bandeja por el piso.

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