E-pistola

Alicia:

Te escribo esta carta a pocas horas de nuestro casamiento, la que espero quede como testimonio de nuestro idilio y puédamos (!!) leer un día, ya viejos y próximos a la muerte, sí, pero juntos, felices, rodeados de hijos y perros (no hijos de perra; más perros que hijos, dios quiera), y autos y casas (que son inversamente proporcionales al número de hijos y perros) recordando este prólogo al que hoy ponemos punto final para empezar a escribir el capítulo primero (o capitulo primero) del libro más largo y dichoso de todos (bueno, sí, está claro que capaz mañana me da algo y estiro la pata, ojo, también te puede pasar a vos, eh, pero es un decir; a ver quién capitula primero): el de nuestra vida en común.
Sabés que no escribo muy bien. Hay muchas cosas que no hago bien, supongo, y si le hiciéramos caso a tu viejo, lo único que hago bien es mamarme a costa suya. Vos sabés que no es verdad. El otro día llevé una damajuana de 10 para la despedida de soltero, ¿no te contaron? Sí, ya sé que estaba vacía y la llenó tu viejo, no lo voy a negar, ¡pero cómo chupa ese cristiano! Igual que la conchuda de tu vieja. Disculpá que sea así de sincero, mi amor, pero la vieja esa tiene el monopolio del alcohol, no ANCAP. Y tu hermano también, tan delicado que parece. Delicado como caricia de Tyson, dejate de joder, es más ordinario que sánguche de tararira. Y flor de alcahuete también, mirá que fue él el que le contó a tu viejo que yo le había empeñado las alianzas para comprar las nuestras. Son viejos, hace mil años que están casados, tienen hijos y perros y no casas ni autos, se odian pero no los aguanta ni un testigo de Jehová y por eso siguen juntos, ¿para qué querían los anillos, me podés decir?
Pero hablemos de nosotros, mejor, ni que fuéramos fotocopias de estos viejos hijos de puta, con perdón de la palabra (viejo). Germán y Yésica dicen que ojalá fueran como nosotros, que cómo nos queremos, que estamos juntos todo el día. Germán dice que es porque yo no laburo y ando siempre atrás tuyo, pero Yésica dice que es porque te quiero y por eso no puedo laburar, porque imaginate que estoy tirando escombro en un edifico de 15 pisos y voy con la carretilla cuando me acuerdo de tus ojos de miel y largo todo a la mierda y me caigo desde 15 pisos al pavimento. Tiene razón Yésica. Por eso laburás vos, mi amor, porque yo soy un enamorado del amor y siempre dijiste que eso es lo más lindo que tengo. Tu viejo dice que es verdad, porque soy más feo que pastelito de plasticina y más reo que marinero del Río Negro, pero no me importa.
¿Te acordás de las vacaciones que pasamos con Germán y Yésica? Ahora estaba mirando las fotos. ¡Qué lindo pasamos, mi amor! ¿Te acordás cuando confundí a Germán con vos y le di un beso en la boca? Él dice que yo sabía lo que hacía y que soy flor de puto, y que por eso me pegó bruta trompada. Yésica dice que no, que estaba mamado y que esas cosas pasan. Vos me perdonaste enseguida, me acuerdo; mientras me daban los 25 puntos en el CTI vos me decías “estate tranquilo que te van a dar 25 putos… puntos” y yo me puse re triste cuando te corregiste, no sé porqué. Cuando tu viejo se enteró no quería que nos casáramos, pero tu hermano sí quería; quería casarse él conmigo, trolo de mierda. ¿No te conté?
A pesar de todo seguimos juntos y acá estamos (no literamente; vos estás trabajando y yo rascándome el higo) a punto de casarnos. Tu viejo dice que el matrimonio es como una máquina del tiempo que te transporta al futuro (¡y es como 1984!); de un día para el otro pasás de ser libre y tener todo tu futuro a disposición a tener tres animales; un guacho, una yegua y una panza de cerdo, y que solo por eso me deja casar, para verme recorrer a Darwin en rewind. También me dijo que él no me iba a mantener, a lo que contesté que no fuera atrevido: me vas a mantener vos y solo vos, mi amor, hasta que la muerte nos separe y la pensión nos mantenga unidos.
Voy a buscar unas fotos en tu facebook para acompañar la carta. No había visto esa donde estás abrazada a Germán después que me bajó los dientes. Ni esa en que le estás comiendo la boca. ¡Atorranta! ¡Andá y casate con ese pelotudo, nomás! ¡No te quiero volver a ver, pedazo de una turra! Aunque por ahi a tu hermano…

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