Por favor, mátame

 

Se conocieron haciendo pogo en un toque de Billy Dead, en La Teja. Él le clavó, por accidente, una púa de su muñequera en las venas y ella, que practicaba a diario la rutina, quedó flechada. Más bien fue apuñalada por un Cupido de cresta y tachas, con accesorios punzantes en lugar de flechas.

Desde ese momento fueron inseparables. Literalmente, ya que ella quedó ensartada en la muñequera y no se la pudo extirpar de su lado. A él no pareció molestarle demasiado, más allá de que ahora tenía que compartir el vino cortado en dosis iguales. Los cortes son cosa común entre punks y por eso hacen lo mismo con el vino, según dicen.

Pasaban juntos todo el día, no tenían más remedio que hacerlo, pero la relación, a pesar de los pronósticos de los amigos, se consolidó. A ella le gustaba ser una púa más de su muñequera y a él no le disgustaba el agregado, por lo que decidieron dar un paso más y unir sus alfileres de gancho. Un parche de Flema selló la alianza.

Poco tiempo después, consumaron la pareja al enganchar sus cadenas mediante el candado que colgaba de su cuello. De paso, le dieron un cadenazo a un skinhead que oficiaba de sacerdote, para no perder la costumbre y combatir al sistema.

Sus crestas empezaron a marchitarse con los años pero las siguieron regando con la constancia del albacea de cactus, evitando que la rutina redujera la cantidad de jabón que afluía a sus vistosos peinados.  Los alfileres de gancho comenzaron a ceder; las noches de Sangre de Verónika en La Barraca eran menos frecuentes y rara vez ponían un disco de Exploited para bailar acaramelados. Seguían escupiendo a los chetos, pero los pollos no salían de la profundidad del idilio adolescente sino de la práctica aprendida debidamente. El hacelo vos mismo era ahora más invitación a masturbarse que eslogan de combate. Así se fueron distanciando.

Hasta que llegó el día tan temido, cuando un patrullero pasó frente a ellos y ninguno de los dos atinó a tirarle una piedra. Ella supo que la crisis era inminente; él entendió que Ya no sos igual es una constatación existencial y no solo el track 15 de Valentín Alsina. Por fin, él dijo:

– Mi amor: lo nuestro no tiene futuro

– ¡Me hacés tan feliz!

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